Narra: Robert Downey Jr.
Extrañamente,
me gustaba estar desnudo cuando arreglaba mi auto, lo cual siempre requería
mantenimiento cerca de 2 veces al mes, era un auto viejo…de esos de colección
que encuentras en subastas o simplemente vas caminando por la calle y miras el
jugoso auto detrás de un aparador y sorprendentemente tu billetera está llena
de efectivo para poder obtenerlo en ese momento, fue fácil mantener
conversación y regatear con el vendedor…si, yo era millonario pero igual…me
gusta tener algunas reservas y jugar con las mentes pobres de aquellos que
mantienen un trabaja remunerado para poder subsistir…
¿Y
ahora qué? ¿En qué demonios se convirtió todo lo que creí mío y todo lo que
dibujé de niño? Los gemidos y el olor a putrefacción no eran lo mío ¿de
que servía tener ahora tanto dinero? Con eso no los iba a matar, pero
tenía ingenio y algo de tiempo. Ya pasaron 3 meses desde que el virus obtuvo el
cuerpo de algunos, haciéndolos suyos y haciendo como querían las células y
matando las neuronas de las personas que se contagiaban, caminando como
muertos, hambrientos…
Vagas
imágenes se me pasan por la cabeza ahora…
…estaba
en mi taller, armando algún tipo de arma que en la agencia me habían pedido
para los policías en entrenamiento, algunos novatos que no tenían siquiera la
percepción de cómo tomar una estúpida arma, en esto crecí y en esto voy a
morir…construyendo armas que sean de utilidad para defender nuestra nación…en
realidad yo no era inglés, soy norteamericano, pero desde pequeño que comencé a
rondar por las plazas inglesas…admirando la belleza de sus mujeres y quitándome
de la cabeza el asqueroso sabor de las hamburguesas y perros calientes que hay
en cada esquina…allá, en estados unidos.
— Philip…necesito
que me subas un vaso lleno de ese delicioso licuado
Dije sonriendo al bajar a la sala, como había dicho…en ropa interior. Volví a nombrarlo, algo no
estaba bien…comencé a caminar, no le pagaba para holgazanear, le pagaba para
que llenara mi vaso con ese delicioso licuado…
— Maldigo
holgazán – susurré — ¿Dónde mierdas estás?
Entonces la cocina me dio nauseas, alcé una ceja como no
entendiendo porque mi blanca y reluciente cocina ahora estaba tapizada con
tripas y un color rojo…oliendo a sangre y a sesos de una manera asquerosa…
<<Esto no tiene nada, absolutamente nada de sentido>> apenas
giré…sus brazos me tumbaron al suelo y comenzó a gritarme en la cara…no tenía
labios, un ojo se le saltaba mas que el otro, su piel aun poseía un color
rosado pero mas gris que nada, mi mayordomo tenía sangre por todos lados y
apestaba a animal muerto…lo empujé con las piernas…
— Muy
bien Philip…se que no te pago lo que quieres, pero esta no es razón para que me
trates así…
Se levantó enojado gruñendo como un rabioso, me hice para
atrás chocando con la base de los cuchillos de cocina, tomé uno y sin hacer
mucho escándalo, hundí la hoja afilada en su cabeza haciéndolo caer y ahí…el
silencio volvió a nacer…
— Igual
iba a matarte un día de estos
Pasé a su lado y subí a mi habitación, esto ya me lo temía,
el virus se iba a propagar de una manera rápida y concisa, no iba a dejar
animal, persona o cualquier ser vivo con algún indicio de vida. Jeans
ajustados, botas militares, camisa negra con un escote lindo, chaqueta de
cuero, bolsas llenas de municiones, armas, escopetas, muchas cosas mas, una
gorra para el sol…el maldito estaba muy
fuerte estos días, mis anteojos negros y…por supuesto, las gomas de mascar
con sabor a menta que me encantaban.
La camioneta estaba acondicionada para esto, esos malditos
muertos de hambre me perseguían y yo estaba encantado de volarles la cabeza,
hablando solo como si me escucharan…malditas
cucarachas.
En el
trayecto de mi camino…me encontré con algunos idiotas, me encontré con algunos
muertos ya…y me encontré con algunos idiotas…a…si, todos eran idiotas para mi.
Un grupo de quizá unos 6 o 7…ya no lo recuerdo, unos fueron muriendo en el
camino. Acepté que vinieran conmigo, pues había una mujer demasiado buena para
mi…igual, para mi mala suerte…estaba casada con un cerdo que, para mi
desgracia, no había muerto en una horda que llegó de improviso una noche que
acampábamos en el bosque…en fin, el gordo se quedó, la rubia de buenos pechos y
tres personas mas, había un niño y una pareja.
Nuestro
objetivo era llegar al laboratorio, investigar sobre la cura y largarnos de
aquí, se mencionaba mucho de que en España había campos de concentración donde
las personas con vida y libres de virus se reunían en ese lugar para irnos a
América, el único continente donde no había señales de alguna radiación del
virus, para eso…teníamos que estar limpios…y si yo solo llegaría, yo solo me
iba a ir, mucho no me importaba la gente de aquí…igual, ya estaban muertos.
Después de una buena función de mi chica y una chica
pelirroja, las cosas se calmaron…me acerqué despacio a ese pequeño grupo de 3…
— Voy
a preguntar de nuevo… ¿Cómo es que llegaron aquí?
— ¿Qué
es lo que quieres? – preguntó la chica de cabellos avellana
— Saber
como mierdas llegaron aquí – reí sarcástico porque ya lo había preguntado ¿no?
— Llegamos
con cuidado y en una camioneta – dijo la pelirroja riendo con dolor
— Al
parecer ustedes quieren morir…bien, me da igual…la noche se acerca y esos
malditos come carne están por llegar, veo que tienen armas y saben pelear…así
que quizá duren unas horas
— ¿crees
que con eso nos vamos a asustar? – habló el único hombre de ese pequeño grupo —
ya hemos pasado cosas peores como para que tu gente…nos venga a hacer las cosas
difíciles…no son los dueños de este lugar
— ¿Y
ustedes si? – bajé mis anteojos negros mirándolo de cerca — solo venimos por
una cosa y nos largamos
— Si
vienen a buscar la cura…no hay tal cosa – miré a la pelirroja
— Y…y
¿tu cómo sabes eso?
— Su
padre era científico y el encargado de esta zona – la chica de ojos con
distinto color se levantó del suelo y me miró — esto es una estupidez…somos aun
humanos, vivos…no sé por qué las pelas…
Miraba a Claudia, la rubia que peleó con la delicada
pelirroja, bien…sonreí al mirar a mi equipo y al otro
— Somos
mayoría…pudiéramos ser mas
— No…váyanse
por donde vinieron – dijo ella con dolor
— Tienes
herida la pierna, nosotros tenemos a un doctor en el equipo, si no te
ve…perderás la pierna…y llamarás la atención de esas cosas
— Me
da igual
Miré sus ojos celestes, su terquedad me llamaba la atención,
miré a su amiga tratando de convencerla, miré al otro sujeto tratando de
levantarla…los miré a los tres de frente y sonreí de costado…
— Les
doy ahora la oportunidad de ser mas…son buenos en lo que hacen así que no me
van a estorbar
— De
acuerdo – dijo la chica mas grande, con algo de miedo y yo sonreí
— Bien…ustedes
tienen auto, la pelirroja se va conmigo y con Dorian, el doctor
— ¿Y
por qué mejor no se va ese sujeto con nosotros?...es lo mismo ¿Qué no?
— ¿Cómo
te llamas, hijo?
— Me
parece que puedo ser mas grande que tu
— No
lo creo…
— Norman…
— Bien
Norman…el que les brinda la ayuda, soy yo…así que se hace lo que yo diga
— No
me dijiste tu nombre – estos chicos se quieren pasar de listos
— Robert…y
espero que les quede claro porque no lo vuelvo a repetir
— De
acuerdo
El movimiento se hizo, la pelirroja se fue con nosotros, y
los otros dos…se llevaron a uno de mis hombres para que no pensaran que…me iba
a robar a la ardiente chiquilla, Claudia me odiaba por como miraba la
pelirroja, me daba igual...ella tenia al cerdo de su esposo, que aunque la
rubia y yo tuvimos muchas noches juntos…no me interesaba, era quizá mas chica
que la pelirroja, quizá no,…las mujeres son deliciosas…de eso no me cabe duda.
El viaje fue algo largo, pero pudimos llegar a la
resistencia donde nos estábamos alojando, un lugar amplio como una bodega
enorme y con muchos alimentos, agua y baños, estaba acondicionado para si
querías quedarte a vivir ahí por meses…pero aquí la cuestión es que no
queríamos quedarnos a vivir aquí, quería moverme e irme del maldito país…
— Por
acá por favor
Acostaron a la chiquilla en una cama al abrir su pantalón de
la pierna y mirar la herida
— Andando
Dorian, es toda tuya, apenas termines me llamas ¿de acuerdo?
— De
acuerdo
La chica estaba dormida, Dorian se encargó de callarla en el
camino, ya que gritaba y blasfemaba al aire…me salí del pequeño apartado y miré
a los otros dos nuevos integrantes del grupo…
— ¿Tu
cómo te llamas?
— Lu
Sullivan – dijo sin ganas
— Bien,
Norman…Lu, pueden dormir allá
— ¿Y
Nixie?
— A…
¿Así se llama? Que lindo nombre
— No
te quieras pasar de listo…
— Como
sea…ella se quedará donde la hemos instalado…no está bien la herida así que,
estará ahí hasta que se mejore
— Mas
te vale
— ¿Si
no qué, niñita?...
Me miraron con odio los dos y sonreí ampliamente
— ¿Son
novios?
— No
– dijo ella
— Parece
que si
Sus ojos se pusieron en blanco y reí despacio al caminar de
regreso a donde estaba la rubia, Claudia me miraba de reojo mientras abrazaba a
su cerdo esposo…cargué las armas y tomé una botella de agua al beber un poco…
Dorian me llamó después de una hora, caminé despacio
abriendo la cortina que dividía de los demás, tapando la visión de todos los
curiosos que querían ver dentro de mi “cuarto”, ella estaba dormida, acurrucada
en mi almohada, requirió de algunas puntadas y ahora estaba cubierta por yeso
en la pierna…miré sus dedos pintados con un barniz rojo…sonreí y ella poco a
poco abrió los ojos encontrándose con los míos
— ¿Dónde
estoy?
— En
un lugar mejor que en el que estabas ¿quieres agua?
— No…
Se miró las piernas y una estaba enyesada y la otra cubierta
por una sábana…me miró enseguida y yo le sonreí ampliamente cuando achicó sus
celestes ojos…
— Sabes
pelear
— Casi
mato a tu novia
— No
es mi novia
— Parece…
— Como
sea…debes comer algo, con el estómago vacío no vas a sanar…así que…
— ¿Dónde
están los de me equipo?
— Pensé
que no te importaban
— ¿Y tu cómo sabes que no me
importa?
— Por como actúas
— ¿Vas a interrogarme?
— Quiero que comas
Bufó
cuando tomó la cuchara llena de comida y la metió en su boca, aventando lo
demás sin derramarlo, la miré y sonreí…su gesto de asco por probar la comida me
dio gracia y reí cuando sus ojos permanecían mirándome
— Es
lo que hay, preciosa…así que vete acostumbrando
— He
comido cosas peores
— Bien,
ya somos dos entonces
Hubo un pequeño
silencio
— Y
dime… ¿Qué hacía tu padre exactamente? – suspiró
— Se
encargaba de experimentar con algunos simios sobre una bacteria que atacaría a
la población…jamás le creí
— ¿Él
ya sabía de todo esto antes de que pasara?
— Me
parece que si…después…descubrieron que no era una bacteria…si no un virus,
sabemos que los virus no se quitan ni disminuyen con algún medicamento, con
ningún antibiótico, el virus dura lo que tiene que durar en morir y se
acabó…pero en estas cosas…es diferente
— ¿Eres
enfermera o algo así?
— Si…terminé
mis estudios de enfermería, bueno…me faltaba un semestre
— Eso
es bueno… y dime, ¿A qué se dedican los idiotas que te acompañan? – me miró —
solo por saber…deben de tener algo útil
— Lu…la
chica mas grande conoce la ciudad hasta con los ojos cerrados, conoce cada
edificio, cada zona, cada calle y que contiene en ellas…no sé como lo hace,
pero parece una computadora…y el otro, Norman…es policía…no le creo…revisé sus
documentos y es un buen mercenario
— Lo
que nos hacía falta
— No
sé porque te estoy diciendo esto… ¿Me drogaste?
— Un
poco…si no el dolor sería insoportable para ti
— No
me conoces
— Claro
que no…me encantaría hacerlo
— Podrías
ser mi padre – rió al mirarme
— Podrías
ser mi excitante hija…me da igual…en estos tiempos, cualquier chica linda es
buena
— Idiota
— Gracias
La miré con una sonrisa bebiendo de mi botella mientras se
acomodaba ella en la cama…su cuerpo mantenía una silueta perfecta bajo esas
sábanas blancas, ella parecía sacada de alguna tira cómica, pechos abundantes,
caderas predominantes, cabello rojo como el fuego…ojos grandes y perfectos ¿Qué mas? Me estaba tardando en al
menos besar esos exquisitos labios…