Narra Nixie Bauer
“No esperes que
dentro de unos segundos…la realidad se valla y puedas volver a sonreír…eso es
para maricas ¿lo sabías?”
La
carretera se hacía eterna y apenas habíamos sobrepasado la hora y unos
insignificantes 10 minutos…la música resonaba en aquella maravillosa máquina
reproductora de sonido…ella tenía buen gusto para la música…no sé en que
momento me quedé dormida, pero Judas Priest me hizo realzar una
sonrisa cuando canté una parte del coro de Tubo
Lover
— Bien,
al menos ya tenemos algo en común – dijo ella sonriendo
— Si
bueno…siempre me ha gustado el género musical…el heavy, el trash, el nu…
— Si,
a mi también
— No
parece – dije sonriendo ahora yo
— Todos
lo dicen pero ¡¡Va!! Me da igual…
Miraba que aun el sol estaba sobre nosotros, quizá serían
las 2 o 3 de la tarde…entonces recordé la maldita gasolinera
— ¿Aun
no hemos pasado alguna estación?
— Si…pero
estaba vacía, estabas dormida, no quise despertarte
— Oh…bueno
— Quizá
en un par de kilómetros encontremos una llena, con suerte si no hay una de esas
cosas rondando por ahí
— Igual
estamos equipadas
— Cierto
Siguió manejando tranquilamente, el disco se terminó y ahí…a
lo lejos pudimos ver una estación de gasolina…ambas sonreímos, estacionó la
camioneta no muy lejos…ambas bajamos con las armas cargadas…ella checó aquello
mientras yo miraba a todos lados…
— Al
parecer ésta si tiene
— Bien
pues apresúrate, esta noche debemos llegar a ese maldito laboratorio
— Si,
no te preocupes, falta muy poco…
— Eso
suena bien
Mientras ella llenaba el tanque, caminé unos pasos mas
adelante…no quería separarme mucho pero algo había llamado mi atención, el ladrido de un perro…
— ¿A
dónde rayos vas? – gritó un poco
— No
me tardo, tu termina
Balbuceó algo que no comprendí pero eso me hizo
sonreír…caminé un poco mas y había unos perros dentro de unas jaulas y dos de
esas cosas tratando de meter sus manos para arrancarles un poco de piel
— ¡¡Hey!!
Me miraron y yo sonreí de costado, el miedo aun corría por
mis entrañas, pero me encantaba sentir aquella adrenalina, no quería
disparar…llamaría la atención de mas de esas cosas y es lo que menos
quería…entonces tomé una de las hachas que conseguimos de aquella casa donde
vivía el veterano de guerra…
— Vengan
acá…mierdas del infierno – sonreí
Se acercaron ambos, estirando los brazos para tratar de
alcanzarme, cuando clavé esa pesada hacha en la cabeza de uno…el otro venía un
poco más rápido. El hacha se atascó.
— Mierda
Entonces sentí mas miedo que otros días, el maldito idiota
se estaba acercando y mejor solté el hacha, pero antes de que pudiera
reaccionar, el gemido de una chica hizo volar la cabeza de ese zombie con una
navaja…mi corazón se detuvo en aquella pared manchada de lodo y no sé cuantas
cosas más…la miré…
— Ahora
yo fui la que te salvé – dijo con miedo al vibrar por el asco
— ¿gracias?
— No
debiste irte
— Quería
hacerlo
— Como
sea…debemos irnos ya, estabas tardando
— Si…
Entonces tomé el hacha y haciendo fuerza con mi pierna sobre
su cabeza logré sacarla, ella me salvó…como yo lo había hecho en variadas
ocasiones…subimos a la camioneta y el motor aceleró a lo más que pudo sin ser
algo brusco
— ¿Llenaste
los galones?
— Claro…no
soy tan estúpida como piensas…estoy aprendiendo a acostumbrarme a esta cosa…si
se le puede llamar vida, claro está…aun tengo miedo
— Es
normal…supongo
— En
las redes sociales se burlaban y emocionaban sobre estas cosas, de si el
Apocalipsis zombie…de…de que haríamos, de…donde vivir…ahora me pregunto
¿vivirán aquellos idiotas que tanto anhelaban esto?
— Quizá…
— Que
gran respuesta
Me quedé callada, yo era una de esos “idiotas” que anhelaban
esto…se salió de control, solamente eso, ella manejaba rápido pero apenas se
podía notar dentro de la hermosa camioneta color marrón, tenía mucho cuidado y
la observé. Sus uñas estaban pintadas con una línea blanca, como un francés, su
piel era de un color claro pero no tanto como el mío, su cabello brillaba como
una avellana, era de un tono café perfecto…pero se notaba que era su color
natural, sus ojos eran de diferente color,
podía notarlos cuando me miraba fijamente…aunque ahora estaba concentrada en el
camino, uno era gris y el otro era azul eléctrico…increíble…jamás había visto a
una chica con ese color de ojos…era esbelta, quizá iba al gimnasio…
— Dime
una cosa – dije cortando el silencio
— ¿Qué
pasa?
— ¿De
dónde conoces a Liam?
Sonrió. Se quedó callada quizá unos 5 minutos, la miré
fijamente pero no la obligué a contestar…entonces nos detuvimos.
— Ya
llegamos
— ¿No
vas a contestarme?
— ¿Por
qué tanto interés? Tú eres su novia ¿no?
— ¡¡Pues
no lo soy!! – comenzó a reír — ¿Por qué te ríes?
— Tus
mejillas me dicen otra cosa
— Bajemos
¿quieres?
— Como
gustes
Bajamos de la camioneta. Ambas bien armadas mirábamos a
todos lados, quizá ya no tenía que preocuparme tanto por ella…ya sabía como
matar a esas cosas, ya casi no les tenía miedo, aunque igual…debía admitirlo,
me sentía bien con su compañía, ya no hacía tantas preguntas y sus gustos
musicales me hacían pensar que la pasaría bien…era ilógico pensar eso
ahora…pero me dejaba tranquila…
— Que
grande es este lugar
— Si…aquí
trabajaba mi padre
Ambas caminábamos en dirección a la entrada…no había señal
de esas cosas por ningún lado…pero olía horrible, es que quizá esto no
terminaría o no acabaría acostumbrándome a ese maldito olor de mierda…
— Por
aquí…
— Si
conoces tan bien el lugar ¿Por qué no viniste sola?
— No
sabía como llegar – sonreí de costado
— Voy
a creerte niña
Caminamos despacio por aquellos pasillos llenos de sangre,
tripas, basura y césped seco…entonces llegué a la puerta y ella me siguió. Una
puerta de cristal roto pero que enseguida seguía una de metal blindado que
protegía el interior del laboratorio…tomé la llave. La llevaba colgando de mi
pecho con una cadena de acero inoxidable, me la regaló mi padre hace mucho. Abrí.
El interior estaba vacío, como si no hubiera trabajo este
día, estaba intacto, estas cosas no estarían aquí dentro y me calmé
— Anda
entra
Le indiqué, enseguida cerré la puerta
— Veamos
si no hay mas entradas
— No
parece…el lugar está acomodado
— Igual,
mejor hay que prevenir
— De
acuerdo – tragó saliva — yo vo…yo voy por acá
— ¿tienes
miedo?
— Cállate,
mocosa
Reí…la dejé ir sola, no era muy grande el primer piso,
además era amplio, si alguna quería correr, con la mayor libertad del mundo
podríamos hacerlo…
El lugar estaba limpio, olía a cualquier tipo de hospital,
pero quería indagar mas, la dejé sola en el primer piso y yo me escabullí al
segundo…daba pasos ligeros y certeros, alguien había roto aquella puerta de
cristal, no creo que haya sido el aire, quizá fue una de esas cosas corriendo
que se estampó por estar persiguiendo a alguien con la carne viva…miraba
cuidadosa…sentía a alguien detrás de mi…giré rápido y no había nadie, caminé un
poco mas, quizá si eran una de esas cosas…pero al entrar en esos cuartos de
laboratorio no había nadie…
— Nixie
¿Dónde rayos estás? – la escuché gritar
— En
el segundo piso
— Maldita
mocosa malcriada
Susurró
— Te
escuché
— Me
importa un bledo, siempre me dejas sola…a veces pienso que quieres matarme
— Nada
de eso, bonita…
— Gracias
por eso
— ¿Por
lo de bonita…o por lo de…?
— Podemos buscar esa cosa a la que
venimos aquí – me interrumpió
— De acuerdo…ya no se puede
bromear contigo
Caminamos
por aquellos pasillos
— Mi
padre y su bola de lunáticos, estaban dispuestos a pasar días enteros y noches
sin dormir hasta encontrar la cura a una vacuna que no tenía nombre
— ¿Cómo
es eso posible?
— Como
te lo dije – la miré — todos estaban lunáticos, me comentó algo sobre la rabia,
tenía algo que ver
— Yo
también escuché algo así pero no le tomé mucha importancia
— Bien,
pues al parecer es una bacteria que es muy fuerte a cualquier analgésico o esas
cosas…se reproduce con rapidez, quizá unos 10 o 15 minutos como máximo
Seguimos caminando cuando llegamos a esa habitación donde mi
padre me dijo que tenía los escritos, los experimentos y algunos de los
resultados con la vacuna sobre esa bacteria, entramos cautelosamente, el
silencio era incómodo…me inquietaba no saber que es lo que estaba pasando
afuera, o que es lo que nos esperaría al salir de aquí…
— Me
parece que será mejor quedarnos aquí esta noche
— Si,
yo también pienso lo mismo…será lo mejor
— ¿Hay
habitaciones o algo por el estilo?
— Si…
¿Por qué no vas a buscarlas?
Me miró de mala gana
— Bueno
tu eres la que lo mencionaste
— Como
sea, si no regreso es que ya me morí
— Que
positiva eres
— Gracias
de nuevo
Ambas reímos y desapareció de mi vista.
Los papeles parecían hechos bolas y vueltos a poner bajo un
pisa papeles para dejarlos planos, algo no querían que se supiera, y quizá era
este virus que ahora se estaba
descontrolando, obviamente esas cosas ya no eran personas, ni siquiera
reconocían que era comida, que era el dolor. Planos, estadísticas,
experimentos, fotos…cosas que casi no me servían solo un puñado de basura.
— Esto
no me sirve
Apreté las hojas y miré un cuarto…achiqué mis ojos y caminé
hacía esa pequeña puerta, estaba cerrada con algún tipo de seguro, esta puerta
no me iba a ganar, suspiré cuando saqué el llavero y busqué de entre esas
llaves una pequeña, la encontré y
comencé a abrir aquella puertecita, era blanca y bien gruesa, entré gateando y
miré el lugar, estaba completamente oscuro…entonces busqué algún tipo de
interruptor, al accionarlo, había miles de jaulas, todas abiertas, otras rotas
y algunas con sangre, algunas con carne y otras extrañamente despedazadas…
— Valla
Susurré al caminar entre aquello, miraba a todos lados, era
un cuarto inmenso y comenzaba a sentir que el aire me faltaba, tomé mi garganta
y no pude mirar nada mas, tenía que traer un tanque de oxigeno si quería
adentrarme mas a este cuarto…entonces regresé… ¿Cuál fue mi sorpresa? Alguien cerró la puerta…corrí entre las
jaulas, empujando algunas y sintiendo un miedo terrible…
— Lu
¡¡Lu deja de estar jugando y abre la puerta!!
Ella no se escuchaba, era una broma de mal gusto, el aire
comenzaba a faltarme y mas cuando el miedo me invadía, miré atrás y busqué en
mis bolsillos
— Maldita
sea
Había dejado el arma en la mesa donde estaban aquellas hojas
inservibles, me cubrí la nariz con mi blusa para tener algo de aire al menos
formidable en mis pulmones, caminé por aquel cuarto y la luz…se fue. Esto no me estaba gustando
nada, el aire comenzaba a faltarme y entonces, sentí el peor escalofrío cuando
los gritos de Lu se escuchaban por todo el pasillo de abajo…
— Mierda
que está pasando
Los ojos se me ponían bizcos sin querer…me sostenía de las
mesas y caía de rodillas al piso…entonces sentí pasos cerca de mi, pero no
gemidos como suelen escucharse esas malditas ratas…miré sin siquiera saber lo
que veía…
— Hora de dormir, niña
Una voz masculina me hizo querer buscarlo, pero un golpe en
la nuca fue más que suficiente para perder la noción del tiempo, del espacio y de mi
persona.