sábado, 21 de julio de 2012

Capitulo 7


            Narra:             Lu Sullivan.

La noche había llegado de la peor manera, nunca en mi vida había tenido tanto miedo al dormirme, de hecho ni siquiera quería cerrar los ojos. Podía sentir que en plena noche alguno de esos cuerpos inertes atravesaría la puerta y se nos lanzaría encima para devorarnos… de verdad tenía miedo.

Apenas había podido digerir la comida que la chica había encontrado quien sabe donde, y aún poseía esa rara sensación dentro de mí, tanto en mi estómago como en todo mi cuerpo. Era como un leve temblor que de seguro era por el miedo, además de el frío que comenzaba a hacer por la ida de la luz solar; para ser sincera no sé como podré soportar todo esto.

     Necesito tomar aire – dije en un susurro.
     ¿A dónde vas? – me miró de costado sobre un sofá que había en el cuarto.
     No me siento del todo bien – levanté las cejas agobiada.
     Te recomiendo que saques la cabeza por la ventana, no puedo dejarte salir – dijo con un tono de profesional – Sabes bien lo que hay allá afuera y no estoy para correr riesgos.
     Está bien.

Me resigné y caminé hasta la ventana del cuarto, la abrí con miedo y sentí como la brisa chocaba con mis mejillas, como movía mis cabellos.

Podía ver la ciudad de noche, con llamas que captaban mi atención por la luminosidad que emanaban, de seguro eran coches, o tiendas… o que sé yo. Pero era terrorífico, aún se escuchaban gritos de gente pidiendo ayuda, también de autos acelerando y chocando quien sabe qué cosas, también disparos de armas además de voces salvando a otros. De verdad parecía una película.

Viendo y escuchando aquellas cosas durante el silencio de la noche, aumentaba mi esperanza, tal vez podamos salir de esto, más que mal toda enfermedad tiene un cura, por muy difícil que suene siempre es así.

     Que lindo panorama – dijo irónica, pero seria
     ¿Crees que podamos salir de esto?
     Si, siempre se puede – dijo convencida pero sin ganas.
     Pareciera que esto no te importara en lo absoluto – la miré.
     Preocuparse mucho siempre acaba arruinando las cosas, si tienes ganas de vivir… con eso bastará, no hay que echarse a morir por esto. Tenemos armas – sonrió.

Eso me hizo reír un poco, aunque igual no me gustaba su forma de pensar frente a lo que estábamos viviendo; más que mal era una situación inusual y complicada.

Ella volvió a dormirse y yo permanecí en la ventana mirando como las estrellas desaparecían al amanecer; el olor que provenía desde la ciudad me asqueaba pero acabaría por acostumbrarme, siempre pasa. De todos modos, quería volver a mi casa para buscar a Alice y traer algo de ropa para cambiarme, odiaba tanto estar vestida con un traje de dos piezas… debía estar cómoda para ir en busca de Chris y encargarme que estuviera bien, como lo hacía siempre.

Permanecí inquieta, tenía frío y no podría estar tranquila hasta saber que todo estaba en orden, al menos con las personas que más me importaban, que en este caso era mi cuñado, Chris y claro, mi pequeña perrita. Lo peor de todo es que no podría salir de este hotel hasta que la chica despertara, sin ella estaba perdida… podrían matarme si salgo sola, al menos hasta que aprendiera a usar una maldita arma.

Así que esperé… comí una de esas cosas que la pelirroja había traído, me senté en el suelo alfombrado y tragué con calma mientras mis nervios volvían a estar serenos y pasivos, para poder pensar y tomar decisiones con la cabeza clara.

     ¿Cómo dormiste? – dijo una voz.
     No pude dormir nada.
     ¿Estás lista para irnos? – se puso de pie junto a mí.
     Creo que si ¿podré darme una ducha? – la miré hacia arriba.
     Tal vez, no creo que las cañerías estén malas, probaré primero, luego es tu turno.
     Está bien.

Partió al baño y luego de un rato el agua comenzó a escurrir. Tal como lo pensé, el agua no había sufrido daños. Mientras tanto yo miré sus cosas, su bolso estaba lleno de medicamentos y jeringas con sustancias, además de parches y otras cosas que solo había visto en hospitales; tenía un par de libros o instructivos, no me di cuenta bien de lo que eran. Tenía dos armas y cigarrillos. En verdad nada ahí parecía extraño, además de los armas, claro.

Volví a sentarme en la alfombra y ella salió del baño con su cabello húmedo, sus ojos celestes me miraron sospechosamente.

     Es tu turno – dijo sin ganas.
     ¿La presión está bien?

Asintió y me dio una toalla. No dijo nada más, aunque tampoco yo quería que lo hiciera, era obvio que estaba desconfiando de mí y eso no era bueno…

Entré al baño y abrí el grifo, lavé mi cabello y me enjaboné bien todo el cuerpo, me sentía tan sucia que me daba asco, incluso parecía que el olor no desaparecía aunque frotase mi piel una y otra vez hasta irritarla. Acabé luego de unos cinco minutos, me sequé rápidamente cuando ya no oía nada, había un silencio horrible y lo primero que se me vino a la cabeza fue que la chica me había abandonado. Me vestí rápido, arreglé mi cabello y corté las mangas de mi blusa para que no me molestaran bajo la chaquetilla.

     ¿Nixie…? – dije al abrir un poco la puerta.

No obtuve respuestas y eso me puso como loca, abrí de golpe la puerta y me encontré con una de esas cosas en frente lo que me hizo gritar como una loca y retroceder hasta chocar con una pared, esa cosa me perseguía con sus manos extendidas para atraparme.

Antes de que pudiera tocarme la sangre volvió a saltar a mi rostro, una bala atravesó su cabeza y nuevamente mi salvadora me miró como diciendo “Deja de hacer estupideces”. Una vez más le debía la vida y eso no me agradaba.

     ¿Cómo entró esa cosa? – le grité asustada.
     El hotel se está llenando de ellos, alguien debió pasar la noche aquí tal como nosotras pero olvidó cerrar la puerta – dijo molesta.
     ¿Estás lista? Será mejor que nos vayamos – me puse de pie.
     Me parece una idea maravillosa – rió.

Tomó su bolso y sonrió, tomé el mío y la seguí mientras intentamos hacer el menor ruido posible, no queríamos lidiar con esas cosas, al menos no aún ya que el espacio era muy cerrado y no tendríamos hacia donde correr.

Tuvimos suerte y pudimos llegar al primer piso sin que nada nos pasara, salimos del hotel más alertas que nunca, apenas había salido el sol y cualquier movimiento parecía sospechoso y aterrador. Se veían sombras aún corriendo de lado a lado para escapar de esas cosas, el olor ya no era tan pestilente, ¿Será que me estaba acostumbrando?

Subimos a la camioneta y conduje a toda velocidad por la interestatal, quería llegar a mi departamento y ver si podía rescatar alguna cosa, además de saber si mi pequeña seguí ahí y con vida.

     ¿A dónde vamos? – gritó cuando se dio cuenta que no era el camino correcto.
     Necesito unas cosas, vamos a mi casa – dije ya seria.

Guardó silencio resignada por primera vez. Eso me hizo sentir mejor, sus gritos no serían lo mejor para esta situación, así que me vino bien su silencio.

Doblamos en la esquina que venía y todo parecía estar bien, al menos no existía el mismo caos que en el centro de la ciudad, había desastres sí, pero no gente huyendo para todas partes, parecía que todos habían huido de aquí. Estacioné la gran camioneta fuera de mi edificio y no me atrevía a bajar, pasaron largos minutos hasta que lo logré.

     Si quieres quédate en el auto – dije mientras subía las escaleras.
     Si vas sola pueden matarte.
     ¿Gracias? – reí.

Sonrió un poco y llegamos a la puerta de mi departamento que estaba entreabierta. La empujé con precaución y todo parecía en orden, hasta que sentimos unos gruñidos provenientes del pasillo que conecta el living con el baño y mi dormitorio. Perfecto.

     Que lindo es tu novio – rió ella como para calmar el aire.
     ¿Te gusta? – le seguí el juego.
     Es diferente al resto, ya veo lo que te trajo hasta él.

Reí y le di en la cabeza, entramos y no encontramos nada extraño, lo único malo es que Alice no estaba por ninguna parte, aunque en parte me gustó no haberla encontrado… prefiero que haya huido a que esas cosas la hubieran devorado aquí en casa y tuviera que enfrentarme a esa fea imagen.

Fui al dormitorio y busqué un bolso en donde metí un poco de ropa para cambiarme durante los días, no siempre iba a usar la misma asquerosidad. Me cambié el traje que llevaba puesto por unos jeans oscuros y una remera ajustada, tomé una chaquetilla de cuero y una cinta para el cabello; la chica metió en un bolso más grande que le facilité sus cosas y comida que sacó de mi cocina, también llevamos una frazada y una tienda de acampar por si acaso.

     ¿Alguno de tus vecinos tendrá armas o algo que nos sirva? – me miró desde la cocina.
     Tal vez el anciano del piso de abajo, era cazador – recordé.
     Debe tener buena artillería entonces – sonrió.
     Quien sabe, vamos a ver.

Asentí y salimos del departamento sin precaución, en el ambiente no había peligro, al menos no se notaba. Miramos a todas partes y entramos en el departamento que estaba muy desordenado y eso nos hizo poner alertas, ella caminó primero como siempre, para acabar con cualquier cosa que pudiera aparecer, yo la seguía mientras miraba entre los escombros alguna cosa que pudiera servirnos: nada.

     ¿Dónde tiene las armas? – me miró más calmada.
     No lo sé, en su dormitorio tal vez…

Suspiró no conforme y entramos a una habitación que parecía ser dicho dormitorio. Un olor a putrefacción nos pateó la cara al ingresar y encontrarnos con dos ancianos destripados sobre la cama matrimonial; cualquier cosa que haya echo eso los dejó limpios y vacíos. Era una imagen repugnante.

La chica encontró una escopeta de gran calibre colgada en una de las paredes, yo revisé los cajones y encontré las municiones, además de una Colt de bolsillo; muchas pistolas pequeñas había en diversos cajones lo que nos hizo sentir un poco mejor. Revisamos el departamento lo más que pudimos y hasta un machete nos llevamos, binoculares y lentes con visión nocturna; el anciano tenía buenas herramientas que solo ahora podía apreciar.

Salimos del edificio un poco más confiadas y calmadas, miramos a todas partes y nada parecía estar fuera de lo normal, siquiera a algunos sobrevivientes vimos… eso nos pareció bastante extraño.

     Será mejor que nos vayamos de aquí, esto no pinta para nada bien…
     De acuerdo, sube y larguémonos ya – dije nerviosa.

Subimos a la camioneta, dejamos las cosas en los asientos de atrás y partimos en busca de una gasolinera para llenar el tanque y unas botellas para el camino, debíamos asegurarnos de todo, no podíamos cometer errores… no podíamos morir tan fácil.

El motor sonaba bien, las calles parecían limpias… al menos hasta que doblamos en la calle Helmseinn, había un gran grupo de zombies parados sin hacer nada, rondando sin sentido… lo que claramente me aterró.

     Mierda…
     Tranquila, demos la vuelta y busquemos otra ruta – dijo como para tranquilizarme.
     Es la única que nos sacará de acá – la miré.
     Debe ser una broma – me miró disgustada.
     Lo digo en serio – levanté las cejas - ¿Qué vamos a hacer?
     Iré yo, tú te quedas aquí…
     ¡No! ¿Estás loca? O vamos ambas o no va ninguna – fruncí el seño.
     No hay otra alternativa, mujer.
     Demos la vuelta, rodeémoslos y si se acercan, los arrollo – dije como una loca desesperada.
     ¿Estás segura? – rió.
     Valdrá la pena intentarlo – sonreí no convencida.
     Bueno, hagámoslo...

Asentí, dimos la vuelta, pasamos por un callejón y las paredes no dejaban pasar a la camioneta, un gran ruido se provocó al raspar las puertas con las paredes de ladrillos; de seguro la pintura se había ido y el sonido atraería esas cosas, pero era mejor que enfrentarnos a un mar de ellos y no salir vivas ni en sueño.

Comenzaron a acercarse una cantidad moderada de unos 20 cuerpos, corrían sin coordinación y con una lentitud que jugaba a nuestro favor. Aceleré y pudimos salir de allí ilesas, mis nervios volvieron a calmarse hasta volver a la ciudad de la cual habíamos escapado hace unas pocas horas.

Teníamos que encontrar una gasolinera lo más pronto posible, el tanque se estaba quedando vacío y eso no era nada bueno, teníamos que sí o sí llegar al laboratorio, que estaba al otro lado de la ciudad… Debíamos lograrlo.

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