Narra: Lu Sullivan.
Aquella mañana sería
emocionante, la noche anterior había sido una de las más agradables del último
tiempo… Chris había prometido muchas cosas, las que obviamente yo quería que se
volviesen realidad, no quería más mentiras, no más líos, necesitaba saber que
todo lo que había hecho estaba bien y que un futuro bueno se aproximaba.
—
Buenos días – susurró en mi oreja al despertarme.
—
¿Qué hora es? – me asusté con su presencia.
—
Van a ser las diez y media – rió – Chris me dijo que podías
llegar tarde así que ¿te parece si me tiras en la universidad?
—
Liam… ¿Por qué Chris no me despertó? – me molesté.
—
Dijo que te veías linda durmiendo y que no interrumpiría tu
sueño, además lo llamaron temprano porque estaban pasando cosas raras en la
empresa – levantó las cejas – Hay un caos terrible en la ciudad, de todos
modos… no hay apuros – volvió a sonreír.
—
Espera ¿De que hablas?
—
Mejor báñate
y hablamos en el camino ¿vale? Apresúrate que no quiero llegar tarde a clases…
Dejó la bandeja del desayuno
ahí junto a mí en la cama de su hermano, comí lentamente y disfruté de las
tostadas, encendí el televisor y mis ganas de comer desaparecieron por
completo. En las noticias se anunciaba una crisis de salud, aquel virus que
hace pocos días estaba atacando a ancianos y niños ya se había vuelto una
epidemia, una completa catástrofe nacional.
“El virus ataca a
cualquiera con defensas bajas (…) Aún nadie puede explicar el comportamiento de
los enfermos, es muy peligroso por lo que recomendamos permanecer en casa…”
¿Qué demonios estaba
sucediendo? No lograba comprender nada, parecía una de esas películas gringas
que trillaba el asunto de los enfermos mutantes, parecía una mala broma.
Acabé el desayuno un poco
perturbada por las imágenes que mostraron en el noticiero, me fui al baño y me
di una ducha caliente, lavé mi cabello con lentitud, me sentía extraña… como
con un mal presentimiento. Me sequé, me peiné, me vestí y me maquille rápido,
me puse un traje de dos piezas que me quedaba algo ajustado pero me gustaba.
Hacía un poco de frío como para ir con falda, y decidí usar un pantalón hermoso
de traje negro, una blusa de encaje blanca y un pañuelo al cuello tinto como mi
cabello.
Salí en busca de Liam quien
esperaba con un par de bates en sus manos.
—
¿Qué dem…? ¿Para que llevas eso? – reí.
—
Para los zombies – dijo muy serio.
—
Deja de juegos Liam, vámonos que se me hace tarde – seguí
riendo sin tomarle importancia.
—
¿Viste las noticias? La cosa está seria, debes llevar algo
para protegerte Lu, luego quien me dará sobrinos ¿eh? – rió.
Sonreí,
salimos de la casa y abordamos mi auto que el empleado había estacionado cerca
para irnos. Liam subió como copiloto y dejó los bates en el asiento de atrás,
charlamos un poco y encendimos la radio cuando iniciamos el viaje al otro lado
de la ciudad para llevar a mi cuñado a su universidad.
La
voz del sujeto sonaba tan sufrida que preferí apagar la radio, en verdad esa
cosa del virus estaba atormentando a todo y eso lograba perturbar mi calma.
Liam insistía en que nos apresuráramos porque debía asegurarse de que todo iba
bien en el campus; y parecía mentira…
las calles estaban destrozadas como si una bomba hubiera impactado en el
centro: autos chocados, fuego en algunas tiendas, papeles por todas partes y
gente corriendo de un lugar a otro.
Sin
contar que otros autos nos impedían el paso, al menos no éramos los únicos
varados con un deportivo en pleno caos, aunque no me gustaba para nada lo que
estaba presenciando.
—
Te dije que esto no pintaba bien – decía Liam mirando por
las ventanas del carro.
—
¿Qué demonios está sucediendo…?
—
¿Estás ciega? ¡Es un Apocalipsis zombie! – dijo en tono de
burla.
—
Liam no juegues, en serio, no me gusta como se ve esto…
¿Por qué no volvemos a casa? – lo miré confusa.
—
Nada de eso – se puso serio – Debo asegurarme de que…
Debemos llegar a la universidad y ver si las cosas andan bien.
—
Tendrá que ser a pie, porque no puedo meter el auto por
este caos – fruncí el seño.
—
Que bueno que traje los bates ¿no? – rió.
—
Maldito niño – reí asustada.
Se
puso su mochila y tomó uno de los bates que tenía atrás, me dio el otro y
bajamos del auto alertas a cualquier cosa que nos pudiera dañar. Habíamos estado
observando un largo rato en como la gente se atacaba de manera extraña… no
queríamos pasar por lo mismo.
Nos
adentramos en la avenida Winston, en mi celular no había señal y no podía
comunicarme con Chris, la ciudad era un caos y la estática necesaria para el
móvil se había esfumado… tan solo nos quedaba buscar un lugar para comunicarnos
y establecer contacto, esto ya me estaba preocupando un poco.
Liam me detuvo mientras lo
seguía a dos cuadras de su institución, me hizo guardar silencio mientras por
nuestro frente caminaba un grupo de personas desorbitadas que me intrigaron un
poco, el chico me observo con miedo y me hizo avanzar un poco hasta un farol
grueso que estaba en la esquina, nos detuvimos y una mujer pasó corriendo
mientras gritaba como una loca desesperada. Mis manos comenzaron a sudar y mi
corazón se aceleró de cero a mil en menos de un segundo al ver como aquel grupo
de personas se abalanzaba sobre la mujer, la derribaron y comenzaban a
atacarla, morderla, jalarla tal como unos animales.
—
Oh por dios... – cubrí mi boca, tenía ganas de vomitar.
—
No mires, debemos seguir adelante.
—
Pero… ¿has visto eso? – le grité.
—
Cállate o nos pasará lo mismo – me regañó.
Jaló de mi mano una vez más y
seguimos corriendo semi agachados para no ser presa de aquellas cosas que
parecían no tener razón, conciencia o mucho menos sentido humano.
Mis ojos eran atemorizados, mi
raciocinio ya perdía la cordura. Jamás creí poder estar viva para cuando algo
como esto ocurriera, esto solo pasaba en películas, no podía ser cierto que
aquellas personas fueran muertos vivientes, zombies o como quiera que se
llamen. Ahora más que nunca tenía miedo, me sentía tan pequeña en un mundo tan
peligroso, diminuta contra un mar de asesinos listos para atacar a penas bajes
la guardia ¿Cómo saldría de esto…?
Liam me llevó hasta la entrada
de su universidad, sin siquiera habernos enfrentado contra una de esas cosas;
mis nervios estaban a punto de colapsar, sentía que en cualquier momento le
daría a alguien por error con esta cosa, que lo dañaría por nada… que tal vez
cometería un error que me costaría la misma vida.
Llegamos a la gran puerta y la
suerte nos acompañó: estaba abierta. Entramos corriendo, yo dando gritos de
satisfacción al llegar a un lugar en donde al menos me sentía más segura que en
la misma calle.
—
Quédate aquí ¿si? Debo buscar a alguien y ya regreso, nos
vemos en un rato Lu – sonrió preocupado, salió corriendo… me abandonó.
—
¡Espera, Liam…!
Perfecto,
lo que me faltaba, quedarme sola en una universidad que ni conocía. Lo único que
sabía es que debía defenderme de cualquiera que se mostrase sospechoso, no
podía confiar en nadie… mucho menos en quienes no conocía, en ese caso Liam era
en el único que podía confiar.
Caminé
por el hall de bienvenida con el bate entre mis puños, mirando a todas partes.
Los pasillos eran fríos y podía sentir voces asustadas en algún lugar, yo no
iba a salvar a nadie, tampoco estaba buscando gente a la cual resguardar, yo
solo estaba explorando el maldito lugar. Mis tacones resonaban en el frío
suelo, mi sombra me jugaba en contra asustándome de vez en cuando al verla en
el suelo tan densa como si alguien me persiguiera.
Me adentré en un pasillo que
parecía más calmado que en cualquier otro lugar, creo que eran algunos
dormitorios que aquí había, escuché unos ruidos extraños y decidí investigar un
poco, tal vez encontraría algo mejor con lo que defenderme que no sea un palo
de madera barnizada.
—
¿Liam…? – pregunté.
Giré para entrar en una de las
habitaciones de donde provenían los ruidos y entonces un cañón de un revolver
me apuntó en la nariz, mi corazón casi salió por mi boca, mi mandíbula temblaba
del susto y el bate cayó al suelo casi de inmediato.
—
¿Quién eres? – dijo tan seria.
—
Lu Sullivan
– tartamudeé.
—
¿Eres
estudiante? Nunca te había visto – frunció el seño – ¿Qué Liam estás buscando?
– repitió firme.
—
Hemsworth… – comencé a calmarme.
—
Liam… – susurró.
—
¿Puedes
quitarme esta cosa de la cara? – grité.
Lo hizo, recogí el bate y me
miró dudando, tenía la vista tan clara que no podía distinguir bien sus ojos,
pero estaba mirándome feo. Poseía un arma en su mano derecha y uno de esos
sables japoneses en la otra, una katana,
además de un bolso con cosas, ni idea que traía.
Fue un momento realmente
incómodo, estaba asustada y ella no me estaba ayudando mucho a calmarme, podía
pensar que en cualquier momento me dispararía, además no hablaba y solo me
observaba como para que me quitase de su camino. Y lo hice, le di el paso para
que dejara de observarme así, me chocó con su hombro y me molesté.
—
Oye ¿Qué te pasa? – recriminé.
—
No vengas a joderme – dijo sin voltearse.
—
Espera… ¿Conoces a Liam? – alcé la voz a medida que se
alejaba.
Se
detuvo bruscamente, pero no se giró, empuñó con fuerza la katana que traía,
guardó su revolver y suspiró; me pareció extraño, era obvio que lo conocía y
tal vez era ella de quien Liam hablaba tanto… podía ser ¿no?
—
¿Cómo te llamas?
—
Bauer – dijo mirando de lado, sin voltearse.
—
¿Bauer? Ese es un apellido – reí.
—
Me llamo Nixie
Bauer… – dijo sin ganas.
¿Bauer?
Ese apellido me sonaba tan familiar, creo que lo había escuchado antes… tal vez
ella podía ser pariente de esa pareja de investigadores tan importantes… como
podía ser solo una coincidencia. De todos modos ella podría serme útil para
llegar hasta mi cuñado y largarme de aquí.
—
Entonces dime – me acerqué a ella lentamente – ¿Conoces a
Liam Hemsworth, no?
—
¿Por qué te interesa tanto? – se giró y encogió sus ojos
para mirarme.
—
Llegué con él aquí y no sé donde diablos se metió, necesito
marcharme y debo cuidarlo…
—
¿Eres su niñera? – dijo irónica – No me extrañaría que ese
tipo trajera a alguien para cuidarlo, no sabe cuidarse solo.
Era
ella, definitivamente era ella de la que Liam tanto hablaba, de no ser así ¿Por qué atacarlo tanto? No había otra
razón, pero no me pondría a discutir con esa chica en este momento, necesitaba
hallar al chico para largarme de este lugar que cada vez me ponía más nerviosa.
—
No, no soy su niñera – dije molesta – ¿Sabes dónde podría
estar?
—
No lo sé,
tampoco me interesa – levantó las cejas – Ahora, si no es mucha molestia dama,
debo irme de aquí – sonrió.
Volvió a girarse y siguió
caminando. Me quedé parada allí con la boca abierta pensando en como hacer
callar a esa chica insolente, nunca me gustó que me hablaran de esa manera,
tampoco iba a dejar que una mocosa desconocida viniera y me enfrentase en ese
tono; cada momento que pasaba me disgustaba más su presencia.
Pese a eso, comencé a caminar
lentamente tras ella para ver si me llevaba a algún lugar que mostrara señales
del chico, pero nada. Subió escaleras, entró a cuartos, sacó documentos, sacó
utensilios y buscó elementos que ni sé para que se usen.
—
¿Eres estudiante de medicina? – la miré desde la puerta.
—
No te interesa – respondió sin mirarme.
—
Solo una
enfermera sabría bien que artefactos llevar para una ocasión como esta, aunque
lo que estás haciendo es robar – levanté las cejas, me crucé de brazos.
Se detuvo y me miró, sonrió de
costado un poco, arregló su cabello rojo y atacó.
—
Yo no te dije que me siguieras, ni sé porque estás aquí
buscando a ese Liam – rió – Pero no voy a dejar que cuestiones mis acciones,
para eso estoy yo ¿entiendes?
—
No debes ser tan agresiva conmigo niña, yo no voy a
dañarte.
—
De eso estoy segura – rió.
—
¿Por qué lo dices?
—
Casi te cagas del susto cuando viste el arma frente a ti
¿Crees que podría tenerle miedo a alguien así…? – levantó las cejas – Ahora, si
quieres sobrevivir, no es cosa mía, si necesitas llamar, en el salón de
enfrente hay un teléfono que aún funciona.
Estaba
desconcertada. ¿Por qué actuaba así conmigo? ¿Qué le hice? En el fondo tenía que ver con el chico, o al menos
esa era la única explicación que encontraba, de no ser así, pues ni idea.
Le
hice caso y caminé hasta el salón y encontré dicho teléfono, en donde busqué el
número de Chris para saber que estaba pasando, lo marqué con la mano temblorosa
al escuchar solo gritos cuando alguien se dignó a contestar, solo escuchaba
gritos y más gritos, además de sonidos desagradables.
—
¿Chris…? – dije con un nudo en la garganta.
—
¿Qué te dijo? ¿Qué te amaba?
Ella
apareció en la puerta, apoyada en el marco de la misma con sus brazos cruzados
y una sonrisa irónica, sabiendo que aquella llamada era importante y que tal
vez no obtendría respuestas. Yo tiritaba por completo al escuchar aquello por
teléfono, me sentí devastada.
Su mirada era perturbadora, molesta, comenzaba a
irritarme… y su sonrisa, tenía unos colmillos afilados que me incomodaron, su
tono de voz también, aunque era dura con lo que decía, tal vez tenía razón y
muchas cosas feas estaban por venir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario