jueves, 12 de julio de 2012

Capitulo 3


Narra:            Lu Sullivan.

Suavemente acariciaba mis piernas, su voz se volvía un leve susurro entre mis cabellos mientras me abrazaba con fuerza. Le gustaba tanto sentirme suya, sobre él, piel con piel. Eran las diez de la mañana y habíamos tenido sexo salvaje en su oficina, permanecíamos recostados sobre su acolchada alfombra, guardando nuestros gritos para que nadie escuchase nada; no podíamos cometer errores, al menos no otra vez.

     Te ves tan hermosa así – besó mi cuello.
     ¿Así como? – reí.
     Desnuda, como viniste al mundo… el contacto de nuestros cuerpos se hace único.

Me hacía sonreír, era tan lindo conmigo. En verdad era él lo que me hacía volver a esta oficina día tras día, mi trabajo en sí era aburrido, sofocante; pero él me motivaba a que mirase aquello con otros ojos, con entusiasmo de seguir adelante sin medir consecuencias.

Él se puso de pie, mostrándome su trasero al levantarse, verlo así desnudo me provocaba un morbo extraordinario, ver como movía sus nalgas mientras caminaba a su escritorio me hacía sonreír para mí misma, él tenía una buena retaguardia, aunque también una buena delantera…

Nos vestimos tranquilamente, hace mucho rato que nadie golpeaba a la puerta y eso ya era común, si la secretaria no se encontraba en su escritorio, nadie podía molestar al jefe, absolutamente nadie.

     ¿Te parece si hoy almorzamos juntos? – me miró atento.
     Me parece una gran idea… aunque es raro.
     ¿Por qué lo dices?
     Casi nunca sales a almorzar conmigo, la última vez que lo hiciste fue para pedirme que vigilara a tu hermano – reí un poco.
     Ay, no seas paranoica Lu, una vez que invite a comer a mi novia no tiene nada de malo – levantó las cejas.
     ¿Tu novia? ¿Quién dijo que lo era?
     Pensé que ya habíamos tenido esta conversación…
     Ya te dije que el trabajo no se mezcla con tu vida cotidiana – sonreí irónica.
     ¿Para ti esto es parte del trabajo…?
     Te veo a la hora del almuerzo – sonreí, lo besé y salí de su oficina.

Cerré la puerta y mantuve mi mano en la perilla largo rato, había un nudo en mi garganta, miraba el suelo con una vista de perdición, de agonía y rendición. Cada día que pasaba me gustaba más el sujeto que yacía dentro de esas cuatro paredes, sentado frente a un escritorio revisando papeleo importante, designando trabajos a los cientos de empleados de esta empresa; pero yo no podía caer rendida a sus pies como lo podía hacer cualquiera, debía demostrarle que él me importaba y que yo no me tomaba esto como un juego.

Es por eso mismo que la primera vez que tuvimos relaciones sexuales en su oficina le dejé en claro que yo no sería su perra, a la cual podía llamar cada vez que quisiera tener sexo; para que fuera algo serio debía enfrentarlo con todos los que trabajamos, sí, debía hacer una declaración pública frente a sus empleados de que yo y él éramos novios. Pero como nunca ha tenido el valor, nuestra relación es neutra, por mucho que me doliera admitirlo.

Siempre que salía por las noches con cualquier excusa para ir a un bar o a una fiesta y me preguntaban si tenía novio, demoraba minutos en responder pensando en aquel sujeto ¿Qué éramos en verdad? Pues ni yo lo sabía, y mi respuesta era un simple “no, estoy soltera”.

Volví al escritorio para acabar con estas horas para que llegara el almuerzo lo más pronto posible. Papeleo, papeleo, cheques, cuentas, cotizaciones… lo típico; hasta que llegaron las 13.30 y se les dio el tiempo al turno respectivo para que pudiera salir a comer su correspondiente almuerzo. Me levanté y golpeé a la puerta del jefe, dejó que pasara y seguía revisando documentos.

     Ya es hora del almuerzo – dije sin mucho ánimo.
     Ya voy, aguarda unos segundos – dijo sin mirarme.
     Si quieres puedo ir a comer sola, no me molesta si estás ocupado.
     No – me miró – Nada de eso, ya acabé – sonrió.
     Está bien – reí un poco.

Dejó su pluma rápidamente y se puso de pie, tomó su abrigo y me tomó de la mano, sonreí otro poco y salimos de la oficina, él se colocó sus gafas de sol, le gustaba usarlas.

Tomamos el elevador y salimos del edificio en dirección al centro, caminamos, tomar un taxi era perder el tiempo, él sabía eso.

     ¿Qué quieres comer?
     No sé, tengo antojo de sushi – sonreí.
     Entonces vamos por él.

Apretó mi mano con fuerza y me hizo caminar más rápido para seguirlo, reía como un niño haciendo una travesura y eso me encantaba; me ponía feliz verlo disfrutar ya que pasaba serio en esa fea y oscura oficina, verlo en esta faceta era un verdadero privilegio, al menos… para mí.

Corrimos por toda la avenida principal, junto a los autos que estaban atascados por el tráfico horrible de esta hora, sentía como la brisa corría entre mis cabellos tintos al viento, mientras mi mano seguía sujeta a la mano de Chris, él seguía riendo cuando me hacía correr tras él, era inevitable no hacerlo, estaba jalando de mi mano.

Se detuvo en una esquina, creo que era la calle Western, me atracó a él con fuerza y me tomó el rostro para besarme con una lujuria asombrosa. Por primera vez no le importaba que la gente nos mirara, bueno más que nada a él, Chris era el famoso y conocido empresario, yo era simplemente una secretaria de alto rango, una anónima para el mundo.

Podía sentir como su fuego comenzaba a encenderse, como todo se volvía maravilloso, podía respirar en paz, con calma, sin importar lo que el resto dijera, sin importar las tonterías que yo antes pensaba de este hombre… realmente me sentía como una tonta enamorada.

     Te amo – dijo luego del beso.
     ¿Qué…?
     Te amo – sonrió emocionado.
     ¿Qué…? – repetí.
     ¿Estás sorda?
     No, es que me gusta escucharlo – sonreí.
     Pues lo vuelvo a decir… te amo Lu.

El compás que deleitó a mis oídos, suplicaba tanto el día en que se decidiera a gritarlo de una vez. No sabía que decir en ese preciso momento, quería besarlo tanto, desnudarlo y ya sabe, hacerlo mío. Pero por otro lado quería estar cuerda y segura para poder decirle que yo también lo amaba, pero mi voz no salía, mi actitud de mujer fría y calculadora aparecía instantáneamente, no podía controlarlo.

     Ven, vamos a comer – dijo aún sonriente, tomando mi mano una vez más.
     Vale… – dije tímida.

Pareciera que él no esperaba la respuesta por mi parte, como si en verdad su emoción fuera más poderosa en este momento. Eso me hizo sentir genial, de maravilla. Al no sentirme presionada las cosas podían ir bien después de todo ¿o no? Y si me equivoco, solo el tiempo lo dirá, más que mal él es mi jefe.

Entramos al restaurante de comida china, nos arrodillamos en una de las mesas y pedimos sushi y unas cuantas otras delicias que allí servían, comimos como cerdos, pero disfrutando de la compañía del otro.

     ¿Tienes que hacer algo el fin de semana?
     Si, tengo planes con Martha – mentí.
     Oh… ¿y tienes algún día libre? – levantó las cejas.
     ¿Por qué? – me hice la interesante.
     Para invitarte a casa, a cenar conmigo y Liam, una cena para la familia – sonrió.
     Vaya, que honor – me conmoví y pensé – La única noche libre… es hoy – volví a mentir.

Claro que era mentira, yo tengo libre casi todas las noches, no tengo mucho que hacer, excepto preocuparme por mi pequeña Alice, ella era mi única preocupación en casa, por la única que volvía a casa.

Así que tal vez me daría el lujo de probarlo, si decía que hoy podía ir a su casa, pues es que en verdad el sujeto va en serio, si dice que no puede… al demonio, me volveré más perra aún con él.

Lo miré largo rato, suplicando a mis adentros para que pidiera esta noche mi compañía.

     Bueno… ¿A que hora te paso a buscar?
     ¿Hablas en serio? – reí.
     ¿Qué? ¿No quieres ir? – rió.
     Claro que quiero ir, solo que no esperaba a que accedieras…
     ¿Por qué no lo haría? Es una cena en mi casa, sería un placer que fueras.
     Pues entonces déjame llegar sola, quiero que te pongas lindo para mí esta noche – sonreí.
     Lo mismo te digo a ti, le diré a Liam que lleve a alguien para que nos deje solos ¿te molesta?
     No, claro que no, al contrario, así aprovecho de conocer a la chica de la que tanto te ha contado, como una cita doble – reí.
     Espera que le llamo.

Seguí comiendo mientras tomó su móvil y marcó el número de su hermano para llamarle, hablaron como diez minutos entre risas y conversación. Cuando cortó sonrío  mirando mientras yo seguía comiendo, levanté las cejas para saber que había respondido su hermano.

     Dijo que hablará con ella para ver si quería ir…
     ¿Va en serio con la chica? – reí.
     No lo sé, él es el capitán del equipo y las mujeres van y vienen, pero desde hace tiempo que habla de una chica que jamás he conocido, no para de hablar de ella y lo tiene como loco ¿sabes? Pero hay días en que anda deprimido como una nena, supongo que debe haber peleado con ella o algo así…
     El otro día quería hablar de ella… pero jamás acabo el tema.
     ¿Qué otro día? – se extrañó.
     Pues… cuando fue a tu oficina, habló conmigo un poco antes de salir – mentí.
     ¿Qué te dijo?
     Quería saber mi opinión sobre no sé que cosa… Ya se hace tarde – miré mi reloj.

Asintió, pagó la cuenta y salimos de allí con un aire un poco incómodo, acababa de arruinarlo todo, Chris no es tonto, sabía que mentía sobre su hermano ¡Pero que idiota fui! Porque no pude medir mis palabras, pensar antes de lanzarlas sobre la mesa.

Pero eso no bastó para que él tomase mi mano, seguíamos unidos por los dedos entre el aire frío que nos atormentaba, Charlamos durante el camino sobre cosas sin sentido, las noticias, el trabajo, las compañías, la cena de esta noche… había un lindo panorama.

Entramos en la oficina y me soltó la mano, tal vez por temor a que nos vieran juntos como algo más, lo que me hizo sentirme un poco mal. Pasó la tarde de trabajo hasta el horario de salida que ese día había sido más corto.

Volví a casa para vestirme linda con un vestido ajustado negro, con un escote pronunciado pero no vulgar, arreglé mi cabello ondulado y me maquillé como una linda chica, delineador suave, sombra clara y un labial denso y pasional. Tomé mi cartera, acaricié a Alice y volví a llenar su plato con comida y agua, tomé un abrigo y me marché, abordé el deportivo, puse un poco de música electrónica para calmar mis nervios y activar mis hormonas un poco más.

Aceleré lo más que pude, quería llegar pronto, estaba muy ansiosa… en serio. Estacioné el auto afuera del condominio, le di mis llaves al encargado y se lo llevó al estacionamiento de la gran mansión Hemsworth; caminé lento, sensual y calmada. Antes de que pudiera tocar el timbre una empleada me abrió y sonriente me hizo pasar, asentí amable y me maravillé con la gran casa que mi jefe tenía a su disposición.

     Bienvenida dulce dama – sonreía mientras se acercaba.
     Pero que sensual te ves – reí nerviosa.

Nos besamos, me hizo pasar al comedor donde la cena estaba servida, frente a mí estaba Liam con la cabeza gacha, dolido porque la chica no quiso ir por una pelea que habían tenido. Chris me pidió que no tocase el tema ya que no quería que su hermano se sintiera mal, y preferí obedecer, me llevaba bien con el pequeño hermano de Chris, no quería que él comenzara a molestarse conmigo por ser tan inoportuna.

Pasamos la noche comiendo allí, riendo y conversando sobre muchas cosas, con el rubio decidimos subir a su cuarto para divertirnos más íntimamente, desnudarnos, acariciarnos y esas cosas que se hacen un hombre y una mujer.

Nuestras entrepiernas se amaban como ninguna otra, se acariciaban, se hacían una entre placer y amor. Hemsworth acariciaba mis piernas, mis nalgas y mi espalda mientras me penetraba dulcemente, suspirando en mi cuello mientras yo gemía como una loca apasionada.

Acabo el acto entre un mar de lujuria y pasión, besos y gritos, gemidos y respiraciones aceleradas que nos transportaban a un mundo mejor. Su cuerpo fue cubierto por sábanas de seda negra, al igual que yo, se recostó y acarició mis cabellos con delicadeza.

     Mañana será un día especial…
     ¿Por qué? – dije sin entender.
     En la oficina sabrán todos lo que hay entre nosotros – sonrió agotado.
     ¿Lo harás…?
     Yo te amo Lu, y quiero que todos lo sepan, no quiero cometer más errores, de verdad.

Sonreí una vez más, mi pecho rogaba para que al fin salieran las palabras mágicas por entre mis labios, pero no lo haría hasta ver hecho su promesa de presentarme frente a todos como su novia, tan solo allí, yo le diría que estaba enamorada de él, desde quien sabe cuando…

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