Narra: Lu Sullivan.
El momento se volvió absurdo, sentía mucha ira al ver como
esa mocosa se dignaba a tratarme de esa manera, me sentía sobre pasada y más
que nada dolida porque no encontraba la forma de detener esa actitud hacía mí.
Pese a todo no nos abandonó como tanto quería. Se notaba que solo estaba
esperando el momento oportuno para tomar sus cosas y marcharse, aunque a veces
dudaba de su osadía… no podía ser tan valiente como decía serlo, era un caparazón. Al menos eso creo yo.
La vista no era agradable,
había caos por todas partes… sentía mucha melancolía al pensar que tardé tantos
años en poder construir mi vida y ver que acabaría muerta por esas cosas, Dios, era lo peor.
—
Que lindo
panorama – susurró la chica irónica.
—
¿Quieres que
te tome una foto para el recuerdo? – dije molesta, ya me estaba hartando.
—
¿Acaso tiene una cámara la señorita
perfecta? – elevó sus cejas y me miró sonriente.
Ya era demasiado, no aguantaba
más. Salí corriendo de allí con un nudo en la garganta, la situación se volvía
insostenible y solo necesitaba estar con alguien que en verdad me valorara, no
como esa chica que solo le gustaba insultarme… quería estar tanto con Chris que
ya no sabía como continuar con esa situación de abandono emocional. Tenía un
agujero enorme en el pecho, con el presentimiento de que él estaba bien, solo
debía salir a encontrarlo y volver a estar juntos.
Sentí unos pasos que me seguían
apresurados mientras yo no me detenía, las lágrimas de desesperación no cesaban
de bajar por mis mejillas. Encontré un gran mueble y me senté junto a él, cubrí
mi rostro con ambas manos y apoyé mi espalda contra la pared fría, dura y
sólida, sentía como poco a poco mi cuerpo se debilitaba… necesitaba comida,
agua y dormir bien al menos unos minutos. Parecía todo perdido… al menos hasta
que una voz irrumpió mis lamentos.
—
Tranquila – dijo con esperanza.
—
No puedo… ya
no doy más con esto…
—
Las cosas se
calmarán Lu, esto está recién comenzando… no te vas a rendir tan fácil ¿no?
Su voz era tan pasiva que por
un momento creí que todo estaba bien, me atreví a mirarlo directo a los ojos
por primera vez desde que lo habíamos encontrado y me hipnoticé con su dulce
mirada, tan preocupada… tan fraternal
como nunca lo había notado. Sentí un escalofrío cuando se arrodilló para
acariciar mi mano empapada en lágrimas, su preocupación me recordó tanto a
Chris… tanto a él.
Como una loca descontrolada me
lancé a su pecho para sentirme segura, tenía frío y me sentía vacía, pensé que
tal vez él podría revertir esa sensación. Y
así fue.
En la misma posición,
arrodillado me cobijó entre sus brazos, me aferró a su cuerpo tanto así que su
calor le entregó calidez al mío, retuve el sonido de mi grito mientras apretaba
mi cara contra su hombro. Sus caricias fueron leves, suaves y delicadas. Jugaba
con mi cabello de una manera especial, la desesperación parecía marcharse… me
sentía en una dimensión paralela, como si él fuera un faro dentro de la inmensa
oscuridad…
No habían más palabras, aún
podía escuchar el molestoso ruido de caos a las afueras del lugar, pero ya no
había nadie con nosotros… nos teníamos el uno al otro. Su respiración se
depositaba en mis cabellos mientras yo detenía mis llantos, poco a poco la
calma fue volviendo a mí.
—
Lamento molestar… pero debemos irnos –
ella interrumpió un buen momento.
—
¿Por qué? –
se extrañó el hombre que me tenía apresada entre sus brazos.
—
Hay un grupo
de idiotas que chocó un camión a las afueras del laboratorio… hizo un gran estruendo
y un inmenso agujero en el muro de entrada… Esas cosas están entrando – noté un
poco de preocupación.
—
Es mi
impresión… ¿o tienes miedo? – sonreí, era inevitable.
—
¿Qué? – dijo
horrorizada – No sé ustedes, pero no me voy a quedar aquí para que me destripen
esas cosas – cambió el tema y se marchó.
—
Tiene miedo – sonreí al verla irse.
—
O puede que
te esté protegiendo después de todo – dijo Norman elevando sus cejas.
Sonaba tanto a cliché, pero en
verdad ya no podía pensar nada claro… esa chica era bastante extraña y sus
cambios no me sorprendían, aunque pudiera ser verdad eso de querer protegerme,
más que mal yo le era útil.
Nos pusimos de pie, yo más
calmada luego de aquel momento tan íntimo que había pasado con aquel
desconocido tan sensual, comenzó a mirarme de otra manera luego de aquello, se
le notaba y no podía disimularlo aunque sea un poco.
Subimos nuevamente los tres al
tejado y pudimos observar claramente lo que Nixie había relatado; un grupo de
idiotas había perforado la gran muralla que protegía el laboratorio y los
zombies entraban por multitudes, la esperanza podía desvanecerse en cualquier
momento… realmente era un panorama terrible. Sentí más miedo.
—
¿Cuál es el plan ahora? – susurré.
—
Tendremos que buscar una salida, recuperar las armas y eliminar
cualquier movimiento sospechoso… – dijo con una voz de mando.
—
¿En que momento te nombramos líder? – dije molesta.
—
¿Tienes una mejor idea? – dijo frunciendo el seño.
—
Chicas,
cálmense de una maldita vez – Norman elevó su voz – Las ideas de la chica son
buenas y no hay muchas opciones que digamos Lu – me miró compasivo.
Guardé silencio resignada
porque tenía razón… no habían mayores opciones. Entonces el plan se puso en
marcha a medida que el estruendo de las cosas se hacían más cercanos, tomamos
los bolsos con armas, tomé un par de pistolas de mano y la chica tomó sus cosas
cortantes, parecía carnicera.
Bajamos con cuidado, miramos
atentos a cualquier cosa y la horda apareció en el pasillo principal, era
gracioso en parte ver como chocaban con las paredes o las puertas, eran tan
estúpidos que parecía fácil pero todos sabíamos que eso no era tan cierto.
Norman iba a la cabeza, yo al
centro y la pelirroja iba atrás de mí, el hombre asintió y avanzó disparándole
a esas cosas directamente en sus cabezas, haciéndolas explotar con adrenalina
en su sangre… podía sentirlo así, su
técnica era asombrosa.
Le seguí yo apretando con
firmeza aquellos gatillos, como si mi vida dependiera de ello y en cierto modo
era real, aunque siendo sincera no podía asimilar todo esto aún. Me siguió
luego la chica, cortando los cuerpos que nos perseguían con una facilidad
tremenda, sin importar que fuéramos comida fácil; parecía que ella había
cambiado de parecer y de verdad se quedaría con nosotros.
Mientras avanzábamos el
alboroto se esparcía y esas bestias sin razón seguían apareciendo. Nos vimos
forzados a idear una nueva táctica de ataque, así que juntamos nuestras
espaldas y comenzamos a atacar en diferentes direcciones para poder despejar el
camino hacía algún lugar. Nuestro trabajo parecía en vano… esas cosas no se
acababan nunca.
—
¡Mierda! ¿Cómo saldremos de esto? – grité.
—
Esto no estaba en mis planes… – gruñó la chica.
—
No me digas – grité irónica.
—
Ya vuelvo…
Norman desapareció del lugar
dejándome sola con la chica que menos quería ver, la desesperación comenzaba a
atormentarme a medida que avanzaban los segundos sin la presencia el único que
mantenía el orden entre nosotras. Retrocedí y choqué mi espalda con la suya una
vez más, mis municiones se estaban acabando y ella se notaba bastante agotada,
cansada de tanto mover sus brazos para cortar cabezas…
—
No descanses ahora – le grité, no quería morir.
—
¿Quién dijo que lo haría…? – rió.
De la
misma nada una fuerte explosión me tumbó al suelo, el disparo de una escopeta
acabó con tres zombies que me estaban machacando hace un rato; tan solo un
horrible ruido quedó en mi oreja, sentía que sangraba y que se me reventaría la
cabeza. Me tomé con fuerza la cabeza, cubrí ambos oídos al sentirme vulnerable;
abrí mis ojos y miré a la chica quien permanecía parada allí sola, como si de
un momento a otro esos monstruos desaparecieran.
Se
arrodilló junto a mí con una escopeta entre sus manos, sentía su voz
distorsionada, como si me hablara bajo el agua, me pidió que echara la cabeza
hacía atrás y respirara profundo, lento y con calma. Como si en verdad pudiera
hacerlo en este momento.
—
¿Qué pasó? – decía extrañado Norman cuando apareció.
—
¡Casi me vuela la cabeza con una escopeta! – grité
sintiéndome peor al hacerlo.
—
Agradece que te salve la puta vida – me dijo con desprecio.
Norman la miró asombrado, como
dándole las gracias pero al mismo tiempo asustado con su modo de hacerlo, o al
menos eso me dio a pensar a mí. Nixie entonces apretó sus labios como
reteniendo una última palabra, encogió sus azules ojos y con su escopeta al
hombro siguió el camino, su figura avanzaba a través de aquel pasillo que
parecía no tener fin.
No me atreví a hacer o decir
otra cosa, el sonido tan agudo que poseía aún en mi cabeza a penas me dejaba
pensar, repetí unas cuantas veces las respiraciones que la chica me dio y poco
a poco el ruido fue desapareciendo, haciéndome sentir con nauseas. Me levanté
como pude y Norman me llevó a cuestas tomada de su hombro, tal como un hombre
caído en plena batalla.
—
La relación se está volviendo complicada ¿Qué pasa en
verdad entre ustedes? – me preguntó.
—
No sé cuál es su problema conmigo…
—
Te salvó la vida y tú la trataste mal, veo que también
tienes problemas con ella.
Y eso
era lo terrible. Yo me comportaba así porque ella me trataba mal, era más que
nada por defenderme… la causante del caos era ella, no yo. Tal vez me
equivoque, pero tal vez tengo razón. Quién
sabe.
Continuamos, lo que equivale
más o menos a una cuadra y unos ruidos captaron nuestra atención de una manera
extraña, nos miramos y seguimos avanzando a la puerta que teníamos en frente,
la atravesamos sin más y casi fuimos asesinados por unos disparos que salieron
al aire. Volvimos atrás y decidimos esta vez mirar por las ventanillas que
tenían el par de puertas.
La chica estaba de golpes con
una mujer que se veía joven pero mayor que ella, una rubia con mayor cuerpo que
le daba como a un saco de boxeo. Era raro encontrarnos con alguien y que más
encima se golpeara con una de las nuestras. Norman y yo decidimos tomar cartas
en el asunto.
—
¡Detente! – grité con el par de armas vacías en mis manos, apenas
con equilibrio.
Norman
apuntaba con su AK-47 directo a la mujer en cuestión mientras Bauer seguía con
lo suyo y golpeaba aún más. Antes de que pudiéramos acercarnos unas personas
aparecieron y un par de hombres aparecieron con armas apuntándonos a nosotros
también. Estábamos fritos.
El suspenso y la tensión se
hicieron presentes en el ambiente, un grito por parte de ellos detuvo la pelea
brutal que tenían ambas chicas e hicieron que se separaran, Nixie tomó sus
cosas cortantes y la escopeta para apuntar a la mujer que por suerte estaba
desarmada, nuestra chica tuvo una
velocidad asombrosa para ponerse a la defensiva. Estaba ensangrentada en
gran parte de su rostro, además de arañada en sus brazos y manchada con heridas
por sus extremidades y estómago; aún así mostraba su rostro de enojo y
dispuesta a seguir con la batalla.
—
¿Quiénes son ustedes? – dije imponente.
—
¿Quiénes son ustedes mejor dicho? – la rubia me miró
desafiante.
—
¿Cómo entraron aquí? ¿Qué hacen aquí? – preguntó un hombre
con una barba peculiar.
—
Voy a volarte la maldita cabeza si no me dices quienes son
ustedes – dijo como una psicópata la pelirroja.
—
Cálmate – dijeron al unísono Norman con el sujeto de la
barba.
Ambos
intercambiaron miradas mientras yo me acerqué con precaución a la chica que
estaba herida, con mi mano bajé el cañón de su escopeta logrando que se calmara
un poco. Pude notar una cortada muy fea en su pierna izquierda, así que la
obligué a sentarse contra una pared para revisarla.
El
otro grupo al observar aquello se tranquilizaron un poco y bajaron las armas,
Norman hizo lo mismo y el aire se volvió un poco más pacífico, unas personas
cerraron las puertas con barricadas mientras que yo intentaba limpiar las heridas
de mi no tan agradable acompañante.
—
¿Cómo acabaste en una pelea así?
—
Defendiendo el territorio – rió – Tú dijiste que querías
salir de aquí viva para buscar a ese Chris ¿no?
—
¿Hiciste esto por mí? – me sorprendí riendo.
—
Tómalo como quieras – rió con dolor cuando le limpié la
pierna – Pero no voy a dejar que me llamen débil nunca más – miró a la rubia
con odio.
—
Ya veo…
Tenía
carácter, tenía fuerza y técnica con cosas que usualmente la mujer prefiere
mantenerse apartada, eso me gustaba de ella aunque discutiéramos casi todo el
tiempo. Merecía mi respeto, más que mal salvó mi vida ya unas cuantas veces,
cómo mínimo debía limpiar sus heridas y lograr entender que estaba pasando con
ese grupo de personas que acababa de aparecer… y por alguna extraña razón quería
acabar con nosotros.