martes, 28 de agosto de 2012

Capitulo 11


Narra:            Lu Sullivan.


El momento se volvió absurdo, sentía mucha ira al ver como esa mocosa se dignaba a tratarme de esa manera, me sentía sobre pasada y más que nada dolida porque no encontraba la forma de detener esa actitud hacía mí. Pese a todo no nos abandonó como tanto quería. Se notaba que solo estaba esperando el momento oportuno para tomar sus cosas y marcharse, aunque a veces dudaba de su osadía… no podía ser tan valiente como decía serlo, era un caparazón. Al menos eso creo yo.

La vista no era agradable, había caos por todas partes… sentía mucha melancolía al pensar que tardé tantos años en poder construir mi vida y ver que acabaría muerta por esas cosas, Dios, era lo peor.

     Que lindo panorama – susurró la chica irónica.
     ¿Quieres que te tome una foto para el recuerdo? – dije molesta, ya me estaba hartando.
     ¿Acaso tiene una cámara la señorita perfecta? – elevó sus cejas y me miró sonriente.

Ya era demasiado, no aguantaba más. Salí corriendo de allí con un nudo en la garganta, la situación se volvía insostenible y solo necesitaba estar con alguien que en verdad me valorara, no como esa chica que solo le gustaba insultarme… quería estar tanto con Chris que ya no sabía como continuar con esa situación de abandono emocional. Tenía un agujero enorme en el pecho, con el presentimiento de que él estaba bien, solo debía salir a encontrarlo y volver a estar juntos.

Sentí unos pasos que me seguían apresurados mientras yo no me detenía, las lágrimas de desesperación no cesaban de bajar por mis mejillas. Encontré un gran mueble y me senté junto a él, cubrí mi rostro con ambas manos y apoyé mi espalda contra la pared fría, dura y sólida, sentía como poco a poco mi cuerpo se debilitaba… necesitaba comida, agua y dormir bien al menos unos minutos. Parecía todo perdido… al menos hasta que una voz irrumpió mis lamentos.

     Tranquila – dijo con esperanza.
     No puedo… ya no doy más con esto…
     Las cosas se calmarán Lu, esto está recién comenzando… no te vas a rendir tan fácil ¿no?

Su voz era tan pasiva que por un momento creí que todo estaba bien, me atreví a mirarlo directo a los ojos por primera vez desde que lo habíamos encontrado y me hipnoticé con su dulce mirada, tan preocupada… tan fraternal como nunca lo había notado. Sentí un escalofrío cuando se arrodilló para acariciar mi mano empapada en lágrimas, su preocupación me recordó tanto a Chris… tanto a él.

Como una loca descontrolada me lancé a su pecho para sentirme segura, tenía frío y me sentía vacía, pensé que tal vez él podría revertir esa sensación. Y así fue.

En la misma posición, arrodillado me cobijó entre sus brazos, me aferró a su cuerpo tanto así que su calor le entregó calidez al mío, retuve el sonido de mi grito mientras apretaba mi cara contra su hombro. Sus caricias fueron leves, suaves y delicadas. Jugaba con mi cabello de una manera especial, la desesperación parecía marcharse… me sentía en una dimensión paralela, como si él fuera un faro dentro de la inmensa oscuridad…

No habían más palabras, aún podía escuchar el molestoso ruido de caos a las afueras del lugar, pero ya no había nadie con nosotros… nos teníamos el uno al otro. Su respiración se depositaba en mis cabellos mientras yo detenía mis llantos, poco a poco la calma fue volviendo a mí.

     Lamento molestar… pero debemos irnos – ella interrumpió un buen momento.
     ¿Por qué? – se extrañó el hombre que me tenía apresada entre sus brazos.
     Hay un grupo de idiotas que chocó un camión a las afueras del laboratorio… hizo un gran estruendo y un inmenso agujero en el muro de entrada… Esas cosas están entrando – noté un poco de preocupación.
     Es mi impresión… ¿o tienes miedo? – sonreí, era inevitable.
     ¿Qué? – dijo horrorizada – No sé ustedes, pero no me voy a quedar aquí para que me destripen esas cosas – cambió el tema y se marchó.
     Tiene miedo – sonreí al verla irse.
     O puede que te esté protegiendo después de todo – dijo Norman elevando sus cejas.

Sonaba tanto a cliché, pero en verdad ya no podía pensar nada claro… esa chica era bastante extraña y sus cambios no me sorprendían, aunque pudiera ser verdad eso de querer protegerme, más que mal yo le era útil.

Nos pusimos de pie, yo más calmada luego de aquel momento tan íntimo que había pasado con aquel desconocido tan sensual, comenzó a mirarme de otra manera luego de aquello, se le notaba y no podía disimularlo aunque sea un poco.

Subimos nuevamente los tres al tejado y pudimos observar claramente lo que Nixie había relatado; un grupo de idiotas había perforado la gran muralla que protegía el laboratorio y los zombies entraban por multitudes, la esperanza podía desvanecerse en cualquier momento… realmente era un panorama terrible. Sentí más miedo.

     ¿Cuál es el plan ahora? – susurré.
     Tendremos que buscar una salida, recuperar las armas y eliminar cualquier movimiento sospechoso… – dijo con una voz de mando.
     ¿En que momento te nombramos líder? – dije molesta.
     ¿Tienes una mejor idea? – dijo frunciendo el seño.
     Chicas, cálmense de una maldita vez – Norman elevó su voz – Las ideas de la chica son buenas y no hay muchas opciones que digamos Lu – me miró compasivo.

Guardé silencio resignada porque tenía razón… no habían mayores opciones. Entonces el plan se puso en marcha a medida que el estruendo de las cosas se hacían más cercanos, tomamos los bolsos con armas, tomé un par de pistolas de mano y la chica tomó sus cosas cortantes, parecía carnicera.

Bajamos con cuidado, miramos atentos a cualquier cosa y la horda apareció en el pasillo principal, era gracioso en parte ver como chocaban con las paredes o las puertas, eran tan estúpidos que parecía fácil pero todos sabíamos que eso no era tan cierto.

Norman iba a la cabeza, yo al centro y la pelirroja iba atrás de mí, el hombre asintió y avanzó disparándole a esas cosas directamente en sus cabezas, haciéndolas explotar con adrenalina en su sangre… podía sentirlo así, su técnica era asombrosa.

Le seguí yo apretando con firmeza aquellos gatillos, como si mi vida dependiera de ello y en cierto modo era real, aunque siendo sincera no podía asimilar todo esto aún. Me siguió luego la chica, cortando los cuerpos que nos perseguían con una facilidad tremenda, sin importar que fuéramos comida fácil; parecía que ella había cambiado de parecer y de verdad se quedaría con nosotros.

Mientras avanzábamos el alboroto se esparcía y esas bestias sin razón seguían apareciendo. Nos vimos forzados a idear una nueva táctica de ataque, así que juntamos nuestras espaldas y comenzamos a atacar en diferentes direcciones para poder despejar el camino hacía algún lugar. Nuestro trabajo parecía en vano… esas cosas no se acababan nunca.

     ¡Mierda! ¿Cómo saldremos de esto? – grité.
     Esto no estaba en mis planes… – gruñó la chica.
     No me digas – grité irónica.
     Ya vuelvo…

Norman desapareció del lugar dejándome sola con la chica que menos quería ver, la desesperación comenzaba a atormentarme a medida que avanzaban los segundos sin la presencia el único que mantenía el orden entre nosotras. Retrocedí y choqué mi espalda con la suya una vez más, mis municiones se estaban acabando y ella se notaba bastante agotada, cansada de tanto mover sus brazos para cortar cabezas…

     No descanses ahora – le grité, no quería morir.
     ¿Quién dijo que lo haría…? – rió.

De la misma nada una fuerte explosión me tumbó al suelo, el disparo de una escopeta acabó con tres zombies que me estaban machacando hace un rato; tan solo un horrible ruido quedó en mi oreja, sentía que sangraba y que se me reventaría la cabeza. Me tomé con fuerza la cabeza, cubrí ambos oídos al sentirme vulnerable; abrí mis ojos y miré a la chica quien permanecía parada allí sola, como si de un momento a otro esos monstruos desaparecieran.

Se arrodilló junto a mí con una escopeta entre sus manos, sentía su voz distorsionada, como si me hablara bajo el agua, me pidió que echara la cabeza hacía atrás y respirara profundo, lento y con calma. Como si en verdad pudiera hacerlo en este momento.

     ¿Qué pasó? – decía extrañado Norman cuando apareció.
     ¡Casi me vuela la cabeza con una escopeta! – grité sintiéndome peor al hacerlo.
     Agradece que te salve la puta vida – me dijo con desprecio.

Norman la miró asombrado, como dándole las gracias pero al mismo tiempo asustado con su modo de hacerlo, o al menos eso me dio a pensar a mí. Nixie entonces apretó sus labios como reteniendo una última palabra, encogió sus azules ojos y con su escopeta al hombro siguió el camino, su figura avanzaba a través de aquel pasillo que parecía no tener fin.

No me atreví a hacer o decir otra cosa, el sonido tan agudo que poseía aún en mi cabeza a penas me dejaba pensar, repetí unas cuantas veces las respiraciones que la chica me dio y poco a poco el ruido fue desapareciendo, haciéndome sentir con nauseas. Me levanté como pude y Norman me llevó a cuestas tomada de su hombro, tal como un hombre caído en plena batalla.

     La relación se está volviendo complicada ¿Qué pasa en verdad entre ustedes? – me preguntó.
     No sé cuál es su problema conmigo…
     Te salvó la vida y tú la trataste mal, veo que también tienes problemas con ella.

Y eso era lo terrible. Yo me comportaba así porque ella me trataba mal, era más que nada por defenderme… la causante del caos era ella, no yo. Tal vez me equivoque, pero tal vez tengo razón. Quién sabe.

Continuamos, lo que equivale más o menos a una cuadra y unos ruidos captaron nuestra atención de una manera extraña, nos miramos y seguimos avanzando a la puerta que teníamos en frente, la atravesamos sin más y casi fuimos asesinados por unos disparos que salieron al aire. Volvimos atrás y decidimos esta vez mirar por las ventanillas que tenían el par de puertas.

La chica estaba de golpes con una mujer que se veía joven pero mayor que ella, una rubia con mayor cuerpo que le daba como a un saco de boxeo. Era raro encontrarnos con alguien y que más encima se golpeara con una de las nuestras. Norman y yo decidimos tomar cartas en el asunto.

     ¡Detente! – grité con el par de armas vacías en mis manos, apenas con equilibrio.

Norman apuntaba con su AK-47 directo a la mujer en cuestión mientras Bauer seguía con lo suyo y golpeaba aún más. Antes de que pudiéramos acercarnos unas personas aparecieron y un par de hombres aparecieron con armas apuntándonos a nosotros también. Estábamos fritos.

El suspenso y la tensión se hicieron presentes en el ambiente, un grito por parte de ellos detuvo la pelea brutal que tenían ambas chicas e hicieron que se separaran, Nixie tomó sus cosas cortantes y la escopeta para apuntar a la mujer que por suerte estaba desarmada, nuestra chica tuvo una velocidad asombrosa para ponerse a la defensiva. Estaba ensangrentada en gran parte de su rostro, además de arañada en sus brazos y manchada con heridas por sus extremidades y estómago; aún así mostraba su rostro de enojo y dispuesta a seguir con la batalla.

     ¿Quiénes son ustedes? – dije imponente.
     ¿Quiénes son ustedes mejor dicho? – la rubia me miró desafiante.
     ¿Cómo entraron aquí? ¿Qué hacen aquí? – preguntó un hombre con una barba peculiar.
     Voy a volarte la maldita cabeza si no me dices quienes son ustedes – dijo como una psicópata la pelirroja.
     Cálmate – dijeron al unísono Norman con el sujeto de la barba.

Ambos intercambiaron miradas mientras yo me acerqué con precaución a la chica que estaba herida, con mi mano bajé el cañón de su escopeta logrando que se calmara un poco. Pude notar una cortada muy fea en su pierna izquierda, así que la obligué a sentarse contra una pared para revisarla.

El otro grupo al observar aquello se tranquilizaron un poco y bajaron las armas, Norman hizo lo mismo y el aire se volvió un poco más pacífico, unas personas cerraron las puertas con barricadas mientras que yo intentaba limpiar las heridas de mi no tan agradable acompañante.

     ¿Cómo acabaste en una pelea así?
     Defendiendo el territorio – rió – Tú dijiste que querías salir de aquí viva para buscar a ese Chris ¿no?
     ¿Hiciste esto por mí? – me sorprendí riendo.
     Tómalo como quieras – rió con dolor cuando le limpié la pierna – Pero no voy a dejar que me llamen débil nunca más – miró a la rubia con odio.
     Ya veo…

Tenía carácter, tenía fuerza y técnica con cosas que usualmente la mujer prefiere mantenerse apartada, eso me gustaba de ella aunque discutiéramos casi todo el tiempo. Merecía mi respeto, más que mal salvó mi vida ya unas cuantas veces, cómo mínimo debía limpiar sus heridas y lograr entender que estaba pasando con ese grupo de personas que acababa de aparecer… y por alguna extraña razón quería acabar con nosotros.

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