lunes, 6 de agosto de 2012

Capitulo 9


Narra:            Norman Reedus.

El cuerpo de la chica se desplomó ante mis ojos, dentro de la oscuridad pude apreciar que no era tan peligrosa… apenas tenía altura y su contextura no era tan gruesa como esperaba. Escuché los gritos de otra chica abajo, de seguro mi compañero había encontrado otra intrusa, así que tomé el cuerpo como pude y salí de esa habitación tan rebuscada.

La llevé hasta una sala que no parecía tan sofisticada y con una cuerda que traía la amarré a un pilar de fierro de uno de los estantes que tenía pilas y pilas de cajas con quien sabe que cosas en su interior. No se movía y eso me mantuvo tranquilo para poder bajar y ver el escándalo que tenía Roger con nuestra otra invitada.

Desde lejos observé a una chica de cabello tinto lanzar todo lo que encontraba a mi compañero que la perseguía rodeando en escritorio, era gracioso… pero no podía dejar que esto continuara, así que tomé cartas en el asunto.

     ¿Tienes problemas? – dije irónico mientras me acercaba.
     Esta chiquilla me está dando problemas – rió Roger quejoso.
     ¿Quién eres tú? – gritó horrorizada la mujer.
     Vamos, no te hagas la difícil, ya tengo a tu amiga inconciente allá arriba – sonreí perverso.

Su cara se desfiguró completamente y supe que el miedo la devoró como una frágil presa. Roger caminó de un lado y yo del otro, entre ambos le agarramos un brazo cada uno, el problema es que no dejaba de moverse y eso complicaba más las cosas, la noqueé golpeando su nuca tal como lo hice con su amiga y fue fácil llevarla arriba. La amarramos y revisamos sus cosas mientras ambas dormían.

     Parece que saben de agujas y esas cosas – dijo Roger con un bolso entre sus manos.
     ¿Serán doctoras?
     Tal vez… al menos una de ellas, la otra tenía un celular sin batería y documentos de empresas…
     Quizá nos puedan servir para llevarnos a un lugar mejor que este – sonreí mirándolas.

Roger sonrió y se sentó en una silla frente a las chicas mientras yo revisaba los bolsos que traían. Gran cantidad de armas, dos pares de juegos de llaves contundentes que llamaron mi atención… Tal vez traían vehículos, pero… ¿Cómo demonios entraron?

Mirando bien a ambas mujeres me parecían bastantes familiares de algún lado, la pelirroja tal vez haya salido en televisión, la otra mujer puede que la haya visto alguna vez en el periódico. Mi memoria desde que todo esto comenzó ha fallado bastante, pero no me voy a dejar ver frágil, mis 7 años en el cuerpo de policía deben servir de algo.

Revisamos las armas con cuidado, dejamos sobre la mesa que allí había una katana que traían, dos juegos de escopetas y una gran variedad de armas pequeñas, además de hachas que nos vendrían bien para largarnos de aquí.

Ya eran cerca de las cinco (creo) cuando comenzaron a despertarse. Roger me miró alerta, se puso su mascarilla antigas y se levantó para ponerse junto a mí; fruncí el seño y lo imité con la mascarilla, tomé un arma y esperamos… como dos ancianos al ver el atardecer.

La de cabellos rojos pasión abrió sus ojos lentamente mientras echó la cabeza hacia atrás y chocó contra el pilar de hierro, aún seguía un poco aturdida e intentó zafar sus manos, pero no pudo: estaban atadas a su espalda. Nos vio y se sintió acorralada, se fijó en su amiga y la movió con el codo, no obteniendo respuestas.

Nosotros manteníamos la calma como dos profesionales, observando en silencio cada uno de sus movimientos, como si pudiéramos descifrar lo que estaban pensando. Al menos hasta que la chica comenzó a observarnos fijamente, haciendo que Roger se sintiera incómodo; la otra chica despertó asustada chillando como una porrista en una orgía.

     Demonios – reí tapando uno de mis oídos - ¡Cállate! – grité.
     ¿Quiénes son ustedes? – preguntó mi primera victima.
     Nosotros debemos preguntarles eso – acotó Roger.
     Den la cara, maricas – dijo la chica cuando acabó de gritar.

Miré a Roger una vez más y reí. ¿Maricas? ¿Hablaba en serio? Me quité la mascarilla para darle el gusto y se la lancé a la cara, Roger hizo lo mismo. Me incliné delante de ambas y entrecerré mis ojos para mirarlas mejor y darles temor.

Con la pelirroja intercambiamos miradas fuertes, era un desafío, menos mal que la noqueé antes que a su amiga, nos hubiera dado varios problemas.

     ¿Qué quieren de nosotras? – dijo la otra.
     ¿Qué hacían aquí? ¿Cómo entraron? – preguntó Roger.
     Mi padre trabajaba aquí – se dignó a hablar mientras seguía mirándome.
     ¿Tu… padre? – me asombré.

Asintió lentamente mientras apretaba sus labios, miré a mi compañero rápidamente asombrado, él se aproximó y la tomó del cuello de su campera de cuero y la miró enfurecido.

     ¿Tu padre es el culpable de esto? – le gritó.
     ¡Oye, suéltala! – gritó su amiga.
     Roger, cálmate – lo empujé.
     ¡¿Qué mierda te sucede?! – gritó la chica frunciendo el seño.

Roger actuaba así porque el virus afectó a su familia y tuvo que eliminarlos a todos. Su reacción era comprensible, pero siendo sincero… ella no tenía la culpa, pero sabía que la conocía de alguna parte, lo sabía.

     ¿Cómo se llaman chicas? – dije sin más.
     ¿Para que quieres saberlo?
     ¿Para poner nuestros nombres en nuestras tumbas? – rió la de ojos cambiados.
     Para saber sus nombres, si se siguen comportando así tendré que matarlas o abandonarlas aquí – reí.
     Pues hazlo, nos las arreglaremos – dijo soberbia la pequeña.
     Nixie, cállate de una vez – la recriminó la otra.
     ¿Nixie…Bauer, no? – levanté las cejas - ¿Y tú linda, cómo te llamas?
     Lu Sullivan – dijo harta – ¿Ustedes quienes demonios son?
     Roger Stones – apunté al hombre – Norman Reedus, ambos somos policías, vinimos aquí para buscar una cura o algo, nos encontramos con ustedes – dije irónico.

Se miraron entre ellas como pensando algo, ni idea qué. Nos mantuvimos charlando un buen rato para conocernos mejor… una estudiante de medicina y una secretaria empresarial. Sus ojos cautivaban mi mirada, tenía un ojo verde y otro celeste claro, eran hermosos colores que combinaban con su cabello tan arreglado pese a la complicada situación.

Roger se paseaba complicado y molesto, a toda costa quería acabar con la chica que no tenía culpa de nada; él es impulsivo y estoy seguro que estaba pensando en una idiotez que pronto cometería.
Pasamos la noche allí, vigilándolas en el silencio de la oscuridad, no las soltamos… se veían peligrosas y no podíamos arriesgarnos ante nada.

Me adentré en las otras oficinas en donde habían cosas de interés como observaciones a cierta formula que estaba en investigación, tal vez eso era lo causante del desastre. Lo llevé hasta donde estaban los tres y comencé a leerlo para mí mismo.

     Oye Bauer…
     ¿Qué quieres? – dijo repulsivamente.
     Tranquila, no voy a dañarte – la miré de reojo.
     Entonces no me jodas.
     ¿Sabes que era lo que estaban haciendo aquí exactamente…?

Guardó silencio y eso me dio para pensar. Roger se había dormido y su amiga también, podíamos mantener una conversación tranquila si las cosas no comenzaban a alterarse, pensé en desatarla… pero viendo la cantidad de cosas que habían conseguido era seguro que me atacaría.

Seguí leyendo los papeles, me cuestionaba muchas cosas al enterarme que el gobierno estaba poyando estos experimentos que se salieron de control, hacían pruebas que no tenían sentido. Mezclaron genes, enfermedades que no lograba comprender… y la chica no me respondía absolutamente nada.

     ¿Hay cura para esta cosa al menos? – susurré.
     No lo sé…
     Debes saberlo, tu padre jugaba en esta casita – dije molesto.
     Tú lo dijiste. Mi padre… no yo – achicó sus ojos.

Respiré profundo para no perder la paciencia.

Unos ruidos sonaron abajo, ambos miramos la puerta y los chicos seguían dormidos. Sería el colmo que esas cosas hayan entrado por algún lugar… tal vez estas mujeres se descuidaron y dejaron una puerta abierta, dándoles pase libre a los zombies.

     Desátame, puedo ayudarte – me miro con piedad.
     Claro y luego me matas – sonreí.
     No si confías en mí.

Pensé, rápido y como un estúpido. Los ruidos sonaban más cerca y ya no había hora para pensar una estrategia o algo.

Tomé el cuchillo y caminé hasta ella, mi mejilla quedó en su oreja y sonreí, no sé porque lo hice, pero sonreí; rompí su amarra y se levantó tomando la katana que estaba sobre el escritorio, me dio un hacha y asintió. Llevar armas sería hacer ruido… por ende vendrían más y Roger despertaría de malas.

Bajamos con cuidado, la dejé ir primero, no quería arriesgar mi espalda y terminar desangrándome en las escaleras, además podría ver sus habilidades y entender porque había venido aquí.

Cuatro cuerpos deambulaban por el pasillo principal, era largo y brillante, las luces podían cegarte.

     Tú los de la derecha, yo por la izquierda – me miró hacia atrás.
     Bien… si necesitas ayuda, dime – sonreí.

Corrió, mató los que indicó y yo me vi lento haciendo el trabajo con el hacha… las armas eran lo mío, no estas cosas para bomberos. Sonrió al verme allí lento como una abuelita, me sentí idiota frente a una chica sin capacitación…

     Pensé que eras bueno – rió.
     Pensé que eras estudiante de medicina, no Ninja – dije molesto.

Sonrió de costado y caminó nuevamente a las escaleras. La seguí de cerca y observé sus movimientos, se detuvo antes de ingresar al cuarto, me miró fijo.

     ¿Qué pasa…?
     No me dijiste como estaban las cosas en la ciudad… ¿hay mucho caos? – susurró complicada.
     ¿Por qué?
     No quiero quedarme aquí, pensaba que ustedes se podrían quedar con la chica y yo marcharme sin dejar rastro – dijo decidida.
     ¿Abandonarás a tu amiga? – me asombré.
     Ella no es mi amiga- aclaró molesta.

Sus ojos celestes me molestaban, su rostro reflejaba molestia obvia… pero no comprendía su situación. La tomé del brazo con fuerza y ella quiso empujarme, la llevé adentro y cerré la puerta con seguro.

     Te quedas.
     No eres quien para darme ordenes – volvió a encoger sus ojos.
     ¿Qué sucede? – se levantó Roger rápido, la sujetó de su brazo.
     Suéltame – le dijo seria, girándose.
     ¿Por qué está libre? – me miró.

Ya no sabía que hacer, las chicas podrían sernos útiles, pero había una soberbia que no me gustaba, Roger estaba irritado y eso implicaba problemas en su totalidad. Le pedí que volviera a atarla, hizo un escándalo terrible logrando despertar a su amiga, lancé su arma con las otras y volví a sentarme para pensar en que hacer ahora…

Roger me miraba molesto, haberla soltado para aquella estupidez nos hubiera costado la vida, agradezco que sea pequeña, apenas le llegaba al hombro de Roger… su otra amiga era tal vez más alta y podría ser una amenaza, pero se mantuvo al margen, aunque después de que despertó nos observaba en silencio… molesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario