Narra: Nixie Bauer
Hacía
calor…hacía frío…me quejaba, quizá era la fiebre que estaba acabándome al menos
por unos 2 o 3 días seguidos…comencé a sentir las ganas de salir corriendo y
matar a esas cosas hasta cansarme.
Me
torturaban las imágenes pasadas, esos recuerdos que regresaban de a poco como
si las necesitara, como si yo quisiera esto…
●
— Deberías
cortar por ahí…y después cauterizar para que la sangre no salga tanto…como
ahora
— Gracias
papá ¬¬…
— Yo
solo digo
— Deberías
estar haciendo tu trabajo y dejarme hacer el mío…así nunca aprenderé
— De
acuerdo…me voy entonces
Mis primeros experimentos con cadáveres a los cuales mi
padre les hacía autopsia y los utilizaba para enseñarles a sus alumnos, más
gráficamente sobre el cuerpo y sus funciones, además de químico era médico…y
profesor de anatomía. Sentir las entrañas aun calientes en mis manos, de una
persona donante de su cuerpo para la ciencia, no me molestaba en lo más mínimo.
Sentía el intestino grueso, delgado, el hígado, el estómago,
mas arriba hurgando para poder sentir la textura de los pulmones, el
corazón…las reacciones que aun se tienen después de estar muerto, no me daba
lástima, pena o asco…era divertido y entretenido, pensaba en cómo me vería yo
muerta, que pasaría…cuáles serían los acontecimientos que pasarían después…mi
mente divagaba en cosas que no tenían sentido. Saqué las manos de ese cadáver y
miré a mi padre…
— No
me gustaría que tu tocaras mi cuerpo muerto
— Sería
el mejor en hacerlo
— Lo
pensaré
Lavé los guantes, me saqué el traje y subí a la cocina,
si…mi padre trabajaba en el sótano, por eso la casa tenía algún tipo de aspecto
tétrico que hacía alejar a las personas, por un lado era bueno. Odiaba a la gente. Entre mis libros de
estudio…entre los cuadernos llenos de letras, que a veces veía borrosas,
escuché un fuerte estruendo en la calle, lo cual me hizo dar un pequeño salto
sobre mi silla, asomé la mirada curiosa entre las cortinas de mi ventana.
Sangre. Brazos.
Piernas. Sesos. Dolor.
●
— Traigan
algo de agua fría y una pañoleta, esta niña se está convulsionando
— Y
así se quería largar
— Cállate
y tráeme lo que te pedí, idiota
Se escuchaban sus voces algo dispersas pero podía
entenderlas…el frío y el calor estaban tratando de invadirme y hacerme sufrir
de sobremanera, intenté gritar pero apretaba tan fuerte las sábanas que quizá
me hice daño, no podía moverme y eso me alteraba un poco más.
— Tranquila,
preciosa…no quiero que mueras antes…
Sentí que mi cuerpo se fue aflojando…y ahí, pude respirar.
Mi cuerpo estaba siendo manipulado por algo…o por alguien,
traté de abrir los ojos, tenía unas ganas enormes de vomitar, solo giré mi
cabeza y sentí la presión de mi estómago queriendo expulsar algo que no era mío
y que no debía estar dentro de mí, o quizá si…y no lo quería. Sus delicadas
manos me sostenían el cabello y pude relajarme apenas terminé de aventar
aquello…
— ¿Te
sientes mejor? – habló bajo
— No
lo se…no puedo moverme – dije sarcástica
— Si,
ya te sientes mejor
— Me
gustaría salir de aquí ahora
— Lo
lamento…no tengo las llaves
— ¿Llaves?...
¿para qué?
Miré mis brazos extendidos como si fueran a torturarme,
estaban atados con correas de cuero demasiado resistente y encima candados para
no abrir las correas
— Esto
es una mierda
— Lo
se…
— ¿Dónde
está Norman?...él sabrá como quitar esto
— Nixie…prefiero
esperar a que la herida sane
— ¿Volverás
con el tema?
— No
quiero tener que amputarte la pierna mas adelante cuando se te vuelva verde o
se te caiga la piel
— No
seas exagerada
— No
soy exagerada…soy realista…esto no es un videojuego…esto no es una broma
— Lo
se, y no me digas esas cosas…no eres mi madre
— No
lo soy…al menos quiero que entres un poco en razón y dejes de ser tan
jodidamente caprichosa
— ¿Quieres
dejarme sola?
— No,
no quiero…debo limpiarte…o ¿prefieres que lo haga Robert?
— ¿Por
qué lo dices? No quiero que me toque
— Pues
parece muy interesado en la chica pelirroja, que eres tu
— Dices
tonterías
— Como
quieras…más adelante te darás cuenta
Me dejé limpiar por ella…me dio una ducha, éramos
mujeres…teníamos lo mismo solo que de diferente proporción. Terminó cuando me
colocó la ropa como pudo estando ahí acostada en la camilla, fue una muy buena ducha de espuma, su
frente se notaba algo mojada por el sudor, se estaba esforzando pero aun así quería largarme de aquí.
— ¿Quieres
algo de comer? Puedo ir a conseguirlo
— Si…
— Bien,
ya vuelvo
Solo quería que se largara, yo no podía quedarme aquí
sentada, miré la oportunidad…y allá a lo lejos había unas muletas. Pero…el
pequeño gran problema, es que mis manos estaban atadas a esos grilletes,
maldecía en voz baja y miré si podía encontrar algo que me ayudara a soltarme
de estas porquerías.
— ¿A
dónde vas?
Me detuve. Esa voz gruesa me hico detenerme y mirarlo, su
maldita sonrisa, la pose como estaba recargado en el marco de la puerta, se
acercó y cerró la misma para estar mas a solas…
— ¿Qué
es lo que quieres?
— Vine
a verte, pero al parece…ya te querías ir
— ¿Por
qué me atas como si fuera un animal?
— Te
lastimaste, no dejaré que lo vuelvas a hacer
— Ya
se me entumieron los brazos
— No
te quejes tanto, así quisiste que pasaran las cosas
— Yo
no lo pedí
— No
me interesa
En sus ojos podía ver algo de interés…y yo quería salirme de
esa maldita cama…
— Aléjate
— ¿A
qué le tienes miedo?
Se acercaba más, el sujeto era más alto que yo, su barba de
candado y esos ojos oscuros me dejaban en claro que algo dentro de mi se movía
por probar esos deliciosos labios, sentí entonces una de sus manos rozar mi
pierna, la buena.
— Muy
bien, ahora vas a violarme
— ¿Es
un hecho, o lo estás preguntando?
— Como
quieras tomarlo
— Hace
mucho que no tengo sexo, y verte así, pues de alguna manera me despierta cierto
interés
— Que
caballero
Se hizo un silencio y movía mi cuerpo cuando se acercó
demasiado a mi rostro. La fragancia de su perfume perduró un momento hasta que
entró en mis fosas nasales invadiendo mis pulmones, era como un veneno que me
daba placer…con algo de dolor.
— ¿Te
gustaría probarlo?
— No
creo que lo hagas
Estaba tranquila, a decir verdad este sujeto tenía poder en
donde quiera que posaba sus ojos…o sus malditas palabras. En este mundo, ahora
como está, es difícil darte cuenta de quien te dice la verdad y quien solo
quiere jugar, al menos me di cuenta de una cosa, Lu y Norman van enserio…pero
¿este sujeto? No lo se. Me estás
tentando, Satanás, estás jugando muy sucio conmigo.
— Te
propongo algo – me miró — apenas me recupere de la pierna, haremos lo que
quieras
— ¿Y
si quiero que te quedes?
— Si
no me gusta el lugar puedo irme, solo que ahora me agarraste herida
— Bueno…quizá
deba herirte de nuevo para que te quedes el tiempo que sea necesario
— No
serías capaz
Se acercó de nuevo y suspiré cuando me tomó fuerte por el
mentón, me quejé, pero lo dejé hablar.
— Quiero
que cumplas el trato
— Lo
haré
— Se
que no tienes nada de valor, que quizá no te interesaría si mato a tus dos
amigos, o los ves sufrir siendo comidos por esas cosas cuando los aviente en un
fozo ¿verdad?
— No
— Lo
supuse…entonces creeré en tu palabra
— Haces
bien
— Además
eres buena con las armas, eres buena para decir malas palabras y eres buena
para pelear…me gustan las chicas rudas
— Podrías
ser mi padre
— ¿Tan
viejo me veo?
Solo sonreí y él sonrió igual
— En
fin…te dejaré descansar entonces – caminó a la puerta y se detuvo — por
cierto…si esos amigos tuyos son novios o algo…solo diles que si van a follar lo
hagan en otro lado, no quiero estar escuchando gemidos locos por toda la casa
— Lo
haré – dije sonriendo por imaginarme la cara de Lu cuando se lo diga
— Buenas
noches
No le dije nada, salió del cuarto y Lu entró enseguida con
ese vaso de jugo
— Te
tardaste años
— No
me dejaban pasar, estaba tu novio aquí dentro
— ¿Quieres
dejar de decir estupideces? Ya me estoy hartando de estas cosas, quítalas
Me miró y negó, bufé algo fuerte y miré a otro lado
— Llevate
el jugo, no lo quiero
— No
soy tu puta sirvienta
Se levantó molesta, la miré y me dio gracia
— Si
el mundo es una mierda, yo no quiero ser igual que tu, o igual que todos aquí,
al menos trato de ser amable
— Con
tu linda amabilidad no harás que los putos zombies desaparezcan
— No…pero
al menos se pueden olvidar por un rato
— ¿quieres
irte?
— Si…si
quiero – dijo molesta de nuevo
Caminó a la puerta y salió dejándome el jugo en el mueble de
al lado…suspiré sintiendo los grilletes apretarme severamente las muñecas…la
pierna estaba sanando, y mi cabeza revoloteaba con ideas estúpidas desde que
llegué, quizá me estaban drogando y yo no estaba enterada, ¿Qué tal si entran
los bastardos y yo estoy acá amarrada? Me forcejeaba en vano, esto me estaba
comiendo la puta cabeza.
Esa noche fue horrible, volví a soñar con mi padre, no
quiero ni siquiera recordarlo, yo lo maté para que ya no sufriera, ya no quería
recordarlo, ya no quería verlo. Sentí que alguien abrió la puerta, era una
chica diferente…
— ¿Dónde
está Lu?
— No
sé quien es ella
— La
chica con la que llegué, somos tres ¿Dónde está ella?
— No
lo se
Dijo seca, sin expresión alguna, miré el techo de nuevo,
hasta que ese maldito doctor apareció de nuevo
— Vamos
a revisarte, ¿de acuerdo?
— Me
parece bien
Quitó los vendajes y comenzó a llenarme de agua, aceite y no
se que mas porquerías, la herida ya no dolía tanto. Pero algo cambió en mis
ojos cuando levantó sus manos y me mostró un par de muletas, al menos ya no
estaría atada en esta maldita camilla incómoda.
— La
herida está mejor, necesitamos ejercitar las dos piernas
— Nunca
había estado tan feliz
— Se
le nota – lo dijo algo incrédulo, si…era una chica inexpresiva
Comenzaron a quitar los grilletes…mis muñecas quedaron
libres, me sentí mas ligera y tomé aquellas muletas, solo una ve en mi vida las
había utilizado, espero no haber olvidado como se usan. Me las acomodé y salí
un poco del cuarto, algo entumida y con dolor, pero el sonido de las bases se
hicieron notar y todos voltearon a verme, Lu me miraba pero se fue a otro lado
llevando dos platos, quizá uno para ella y otro para el mercenario. Miré a los
alrededores, el sol pegaba fuerte desde la ventana. No me di cuenta de que era
una casona en la que estábamos, quizá de dos pisos con cortinas muy bonitas y
decorado muy antiguo. Escuché sus botas bajar las escaleras, lo miré y su
sonrisa fue el desayuno ese día.