martes, 10 de julio de 2012

Capitulo 1.


Narra:            Lu Sullivan.

El día ya parecía trillado, cotidiano y algo aburrido. Papeleo por todas partes, elaborar documentos para mi jefe y entregárselos al cartero, a Martha y al resto del personal que se encargaba de repartirlo a quien correspondía; me gustaba ser responsable, pero a veces tenía momentos en que me fastidiaba.

Era martes. El frío entraba por la ventana de Julián, a él le encantaba el frío de la mañana, a mi me hacía tiritar, pero no me quejaba, él sabía de mi relación con el jefe… cualquier mala jugada y estaría frita.

     Buenos días – dijo una bella joven.
     Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
     Tengo cita con Chris Hemsworth, soy publicista de ANON Inc. – sonreía.
     Claro, tome asiento unos minutos mientras le aviso al señor Hemsworth de su presencia – sonreí.

Asintió amable. Ser afable me costaba cada vez más. Ver entrar a mujeres lindas a esa oficina me hacía cuestionar cada segundo que permanecía sentada tras este escritorio, y por mucho que quisiera que las cosas fueran de otra manera no podía reclamar, me gustaba que todo estuviese pasando y de la forma en que estaba pasando, me hacía sentir poderosa, mala, pecadora…

Pasaron unos cuarenta minutos para que aquella mujer de ojos turquesa volviera aparecer frente a mí agradeciendo el trato por mi parte y se marchó, haciéndome suspirar y esperar el llamado desde la oficina a la cual resguardo por más de diez horas al día.

     Sullivan, ¿puedes venir un momento?

“Ahí voy” susurré para mis adentros cuando me puse de pie sonriendo discreta, viendo como todos en la oficina trabajaban, como se quemaban los dedos tecleando, llamando, buscando documentos para los clientes.

Imponente, pero respetuosa ingresé a la oficina privada, él me miró por sobre sus gafas y luego siguió escribiendo. Me acerqué a él con lentitud, moviendo mis caderas a un lento compás hasta llegar frente a su escritorio y levantar mis cejas, amable, como siempre.

     ¿Qué desea, jefe? – dije lentamente.
     Tú sabes para que te llamo…
     No tengo la menor idea para qué pidió mi presencia – dije seria, sin más.
     Quiero un café con dos de azúcar, no muy cargado por favor… la última vez que lo trajiste excediste con el café negro – sonrió coqueto.
     Te gusta el café cargado – sonreí.
     Hoy no…

Atracó su espalda contra el respaldo de su cómoda y negra silla ejecutiva, bordeé el escritorio y puse mis manos en sus hombros para masajearle la espalda, él estaba agotado, lo sabía.

     ¿Qué ha pasado con esa mujer? – le pregunté.
     Tenemos problemas con el marketing, ANON Inc., ha estado pendiente de nuestras finanzas a lo largo de nuestro convenio con la empresa de las multitiendas… y las bajas han sido notorias – se tocó la barbilla preocupado.
     ¿Eso significa que…?
     Nos están ofreciendo salvavidas, más publicidad a cambio de un porcentaje en las ganancias – me miró de costado.

Llevo años trabajando con el importante Christopher Hemsworth, lo conozco casi tan bien como él mismo, y claro está que a él no le gusta correr riesgos ni mucho menos depender de nadie. Donar cierto porcentaje a otra compañía era como perder su independencia, mucho más, asumir la caída de GREAT MOBILE, la más importante compañía de telefonía celular de Inglaterra. No me quedaba otra cosa más que hacer, que fuera consolarlo, hacer que se relajara; alivianar su estrés de una manera sutil.

Él tomó mi mano con una calidez reconocible, hizo que me sentara sobre sus muslos tal como lo hace Papa Noel con los pequeños y acarició mis desnudas piernas. Me gustaba que lo hiciera, me encantaba verlo tan intelectual con esas gafas, con esa corbata y ese traje negro que lo hacía lucir tan importante y sensual. Comenzó a besar mi cuello fogosamente, mientras yo acariciaba sus cabellos; poco a poco subió a mi boca y comenzamos a excitarnos a gran velocidad, lo cual no era nada bueno… la puerta no estaba asegurada.

Y cómo era de esperarse, tocaron a la puerta. Rápidamente él me soltó, yo me puse de pie y arreglé mi blusa mientras él se quitaba el lápiz labial de su boca.

¿Interrumpo algo? – rió Liam, su pequeño hermano.
     ¡Maldito granuja! – rió bajo Chris al relajarse.

Entró sonriendo como era costumbre en él, con una mochila, de seguro venía de la universidad que quedaba al otro lado de la ciudad. Liam era una de las pocas personas que estaba enterado de lo mío con Chris, entonces para él era una gracia interrumpir cualquier cosa que tal vez siquiera estaba ocurriendo.

Me arreglé bien y luego de saludarlo los dejé solos, debía haber un buen motivo para que Liam cruzara todo Londres para venir hasta donde su hermano e irrumpir en su oficina cuando él debía estar dando exámenes en la universidad. Volví a mi escritorio a acabar con papeleo sin mucha importancia.

Pasaron casi dos horas, en los que escuché gritos por parte de mi jefe y Liam salió sonriendo como niño haciendo una travesura, se despidió de mí cariñoso como siempre y se marchó. De seguro le traía malas noticias pero le gustaba hacer enojar a su hermano mayor, no sé que gracia le hacía, Chris era terrible cuando se enfadaba.

Preferí dejarlo solo y seguir atendiendo mis asuntos. Salió para hablar con Wladimir sobre unos cheques y caminó nuevamente a su oficina, antes de entrar me sonrió y guiñó un ojo, lo que me hizo sentir bien, al menos hasta el horario de salida.

Tomé mis cosas, entré donde Chris y le dije que ya me iba, se puso de pie y tomó mi rostro con fuerza para besarme con pasión, abría su boca de tal manera que me volvía loca, me daban ganas de quedarme a trabajar un rato más, pero debía irme.

     Te veo mañana bombón – susurró en mis labios.
     Aquí estaré querido – sonreí saboreándome los labios.
     Más te vale… o te despido – rió.

Eso me hizo reír; volví a besarlo y me marché. En un grito me despedí de los pocos que seguían trabajando y bajé al estacionamiento para llevarme mi auto a casa tras una larga jornada de soportar la fea cara de Julián, el hablador de la oficina.

El tráfico se puso feo a las afueras de la avenida Brown, tuve que tomar un desvío que me llevó hasta la colina Lahm, en donde tuve que por obviedad detenerme y pedir una rica comida campestre para comer en casa, con mi perra Alice.

Un “gracias” y adiós, volví al auto, encendí el motor y al mismo tiempo la radio anunciando unas noticias sobre una crisis que estaba atacando a Norteamérica, con una especie de enfermedad.

Patrañas, cambié la emisora y una buena música pop cautivó mis oídos y me hizo cantar hasta estacionar el auto afuera del edificio en donde vivía. Tomé las bolsas y subí las infernales escaleras que mantenían en forma mis piernas, introduje las llaves en la cerradura y una lengua masajeó mis pantorrillas, era mi pequeña Alice.

     Hola mi amor, traje algo para ti – sonreí.

Sí, parecía loca hablándole de tal manera a un perro, pero era la única que me esperaba en casa, la única que se ponía feliz al verme llegar… la única que estaba conmigo en las noches.

Puse algo de música mientras la comida se calentaba otro poco en la cocina y me quité la ropa para ponerme cómoda, acaricié a mi pequeña Alice y serví la comida, dejé algo en el plato del perro y me senté a la mesa para disfrutar de las delicias que había comprado.

Revisé las cartas que habían dejado esta tarde y no había nada interesante. Lavé los platos que utilicé, dejé todo en orden y me senté en el sofá en pijamas a leer un libro con una música soul de fondo, para relajarme un poco. Pero no pude porque tocaron el timbre justo cuando ya estaba logrando meterme en la trama del libro.

     Quien será a estas horas…

Miré el reloj, ya eran casi las diez. Me extrañaba mucho que alguien apareciera en mi departamento, más aún cuando al abrir la puerta me encontré con mi cuñado…

     Buenas noches – reía, siempre reía.
     ¿Liam…? ¿Qué estás haciendo aquí? – me asombré.
     Tengo que hacerte unas preguntas ¿estás ocupada? Si te molesta puedo volver otro día…
     No, pasa.

Tomó asiento junto a mi libro, lo tomó y le echó una ojeada, sonrió otra vez y dijo que era un gran libro, aunque no le gustasen las letras, al menos no mucho. Me senté junto a él y frunció el seño un segundo mientras pensaba lo que quería decirme. Su presencia aquí se debía más que nada para saber si su hermano hoy había echo un comentario extraño o si había actuado de mala manera luego de su visita en la oficina, al parecer el asunto que había entre ellos era algo más allá de los errores que solía cometer este niño, parecía algo serio.

     Me conformo con ello – me miró.
     ¿Alguna otra cosa en la que pueda ayudarte?
     Hay un asunto… en el que podrías darme tu opinión como mujer – dijo misterioso, pensativo.
     Pues habla – reí.
     Hay una chica… que, ya sabes, bueno… El tema es que…

El timbre volvió a sonar antes de que el sujeto acabase de hablar, me levanté y asistí la puerta, era Martha, una amiga y compañera de trabajo, que se asombró bastante al ver en mi sofá al hermano de nuestro jefe, lo que incomodó al chico e hizo que se levantara, tomase su mochila y se despidiera.

     Acabamos de charlar otro día Lu, cuídate – sonrió algo incómodo.
     Nos vemos – lo vi marcharse.

Martha quedó con la boca abierta allí parada fuera de mi departamento, la hice pasar y soltó un grito de asombro que me dejó descolocada, no entendía su entusiasmo.

     ¿Ese era Liam Hemsworth? – gritó como una niña.
     Si…
     ¿Estás saliendo con el hermano de nuestro jefe? – volvió a gritar.
     ¿Qué? – me horroricé – ¡No! Estás loca – abrí grande mis ojos.
     ¿Y qué estaba haciendo él aquí? – insinuó algo.
     Vino a traerme unas cosas que mando Chris, ya sabes como es de descuidado, siempre olvida darme las cosas en la oficina – mentí sonriendo con cautela.

Sé que no quedó conforme con la respuesta que le había entregado, pero no se me ocurría nada más para decir, si demoraba mucho sería obvio que estaba mintiendo, la improvisación a veces es nuestra mejor opción y esta no era la excepción.

El caso es que Martha se hizo presente porque tuvo problemas con su marido, discutieron de una manera poco agradable y decidió pasar la noche afuera para asustarlo un poco, el problema es que no encontró nada mejor que venir a mi casa y pedirme albergue al menos por esta noche, espacio que no tengo…

     Ay Martha…
     Lo lamento, pero ya sabes como es William, te lo pido como amiga Lu, por favor – suplicó.
     Está bien, dormirás conmigo esta noche, pero no te pongas exigente eh – levanté las cejas.
     ¡¡Gracias amiga!! Eres la mejor – me abrazó con fuerza.
     Lo sé – sonreí – Pero debo pedirte algo a cambio.
     Lo que quieras.
     Tú nunca viste al hermano de Hemsworth aquí en mi departamento… NUNCA – susurré.
     Ay… ya estas con tus secretitos – rió – Descuida, no le diré a nadie.
     Eso espero – sonreí poco convencida.

Las mujeres son chismosas, más aún las que ya están un poco viejas, les encanta andar por ahí esparciendo comentarios de los que siquiera están seguras que así pasaron; el problema es que aquello puede afectar a otros de una manera más fea, como podría ser mi caso. Chris no debía saber que su hermano me visitó, mucho menos para preguntar por él.

Con Martha nos tomamos unos cafés para charlar un poco y luego irnos a dormir, ella por un lado de mi cama y yo por el otro, eran cerca de las doce.

Sonó el despertador, me duché y me vestí con el traje ajustado que hacía lucir mis piernas, arreglé mi cabello color tinto y me maquillé simple, el maquillaje hacía resaltar mis ojos, uno gris y otro verde, a la gente le asustaba eso, a mi me encantaba.

     ¿Martha? – grité mientras me comía unas tostadas en la cocina.
     Ya estoy lista – apareció sonriente.
     Vámonos – moví la cabeza.

Asintió y salimos del departamento, le dejé comida y agua a Alice, cerré con llave y bajamos para abordar el deportivo que nos llevaría hasta la compañía.
Cuando el reloj marcaba las 07:55 nos acomodamos en nuestras correspondientes oficinas mientras llegaba el resto del personal. Comencé a laborar hasta que mis ojos fueron desviados a una masculina figura que ingresó en el piso, con su oscuro maletín y una corbata celeste que combinaba con sus ojos; caminaba imponente, sin mirar a nadie, sin hablarle a nadie, hasta que se aproximó a mí y sonrió de costado, encogiendo sus ojos azules y levantando las cejas.

     Buenos días Lu – dijo al pasar junto a mí.
     Buenos días señor Hemsworth – sonreí cautelosa.

Entró en su oficina luego de mirarme atento, él sabía que eso lograba en mí una reacción especial. Mi piel se erizaba, lograba que mordiera mi labio inferior, cumplía con el hecho de que en mi mente la fantasía Jefe-Secretaria cobrara una fuerza extraordinaria. No podía quejarme de ello, eso se hacía realidad casi todos los días, el problema era mantener las apariencias, ya que cualquiera podría arruinar todo si se llegasen a enterar.

     Lu, tráeme los estados de cuentas del último lote y un café, por favor…
     Si señor – respondí por aquel aparato.

Me puse de pie tras tomar los papeles, y preparar el café que el jefe había pedido. Julián a la lejanía encogía sus ojos sabiendo que esos cafés no eran más que unas excusas para que la secretaria perdiera tiempo en la oficina del jefe… trabajando de una manera no apropiada, la que no incluía el contrato.

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